jueves, 12 de febrero de 2015

El discurso de ayer, la tristeza de hoy


El discurso de ayer desnuda, una vez más, el ánimo del gobierno de esconderse de la realidad, y como el avestruz, esperar que las cosas pasen, como si los hechos no pudiesen afectar en nada el normal desarrollo de la cosa diaria, y en un discurso dirigido a su militancia personal, pero transmitido para todos (y todas), nos dice lo bien que esta todo, y nos enrostra los logros fabulosos de su gobierno.

Pareciera que la muerte cotidiana no le roza, que los acontecimientos no le alcanzan, que nada puede dañarla en su caja de cristal, custodiada celosamente por "su" militancia personal, que nos advierte de vez en cuando que, no nos metamos con Cristina.

Me pareció bueno expresar mi punto de vista sobre esto de que ellos se quedan con la asignación universal por hijo, con la educación, con los científicos, con la alegría, y el canto, y etc., etc., etc.

Es bueno que los oficialistas que critican la postura opositora de la UCR, o del frente UNEN, reconozcan que nadie de este lado de la oposición está en desacuerdo con las asignaciones por hijo, porque están destinadas a solucionar un problema social real y concreto, que los que vivimos los 90 gobernados por su actual "Socio en el Congreso" (por favor ver las noticias del senado de hoy), vivimos en carne propia, y sufrimos la política de exclusión que dejó a más de medio país en la calle, precisamente durante el gobierno de su partido. 

La asignación Universal por hijo fue un proyecto largamente estudiado por la UCR, y alguna vez, el propio Dr. Alfonsín lo defendió, siendo gobierno, porque era parte del mecanismo de redistribución del ingreso, sumamente necesario en nuestro país, que nunca pudo ser tratado porque SU partido en el congreso, defensor del liberalismo neo capitalista, nunca lo permitió.

La Educación, fue la principal preocupación de La Unión Cívica Radical, no de su gobierno, a tal punto que el plan de alfabetización credo por el Dr. Illia, y luego continuado durante el gobierno del Dr. Alfonsín no pudo ser superado por su gobierno, (el de su partido), que en cambio decidió, para ser funcional al sistema económico, destruir el aparato educativo del país que a pesar de sus deficiencias funcionaba, y aportaba al mercado técnicos, y hombres preparados tanto para el trabajo como para afrontar el desafío universitario, que demás está decir durante los gobiernos radicales tuvo altos niveles de excelencia, en materia de ciencias y tecnología.

Excelencia educativa esta que su gobierno, el de su partido, decidió destruir de un plumazo, y el incipiente y necesario desarrollo tecnológico de nuestro país quedo largamente relegado, demás está decir que la destrucción de la educación, fue un plan perfectamente estudiado por el gobierno de su partido, plan urdido por SU socio político en el congreso, y aplaudido por sus amigos, y por Ud., hoy disfrazados de otra cosa, que no es más que la misma cosa pero con apariencia distinta.

La alegría y el canto están bien, nadie puede ser condenado por cantar o por reírse, excepto cuando no hay motivos para cantar o reírse; por lo menos ante la situación en la que su gobierno, el de su partido, nos ha puesto. No se olvide el lector que su gobierno, el de su partido, y de sus amigos, nos enterró en medio de un conflicto de potencias, que no era nuestro, que no tenía replicas en nuestra sociedad, y que culminó con el más tremendo atentado que podía sufrir un país, donde la convivencia racial y religiosa era el orgullo de la ciudadanía, y que su gobierno detrás de un traicionero acuerdo se consagró a encubrir.

También se nos endilga a los opositores el silencio, silencio que la oposición puede elegir, y no es que no haya nada que decir, o que no se pueda decir. Se puede decir mucho sobre la responsabilidad del gobierno, no solo sobre la muerte de Nisman, cuyo homicidio debe ser investigado, resuelto, juzgar a los culpables de la vileza, y que paguen con la cárcel.

Hay muchas muertes más que deben explicarse, y aunque sería muy largo de enumerar, este gobierno, y los gobiernos de su partido deben explicar, las muertes "accidentales", de miembros de la comunidades aborígenes, el avasallamiento de sus derechos, el despojo de sus tierras, la extranjerización de la Patagonia, las muertes por enfermedades que se pueden curar porque se gasta más dinero en publicidad que en medicamentos, el analfabetismo que crece en los bolsones de pobreza, porque la educación no existe, y causa la muerte por ignorancia, las muertes provocadas por la inseguridad, por la soberbia de caudillismo provincial que esconde la desnutrición con el eufemismo del "bajo peso".

Su gobierno que cacarea de revolucionario, no tiene nada de eso, los gobiernos revolucionarios de verdad no enriquecen a sus líderes a costa de la pobreza del pueblo, los gobiernos revolucionarios realizan una distribución autentica de la riqueza, los gobiernos revolucionarios se ocupan realmente de la salud, y de la educción porque saben que verdadera soberanía reside en la sabiduría del pueblo.

El silencio no es solo por Nisman, el silencio debe ser por todos los muertos que su gobierno esconde, detrás de estadísticas maniqueas, y de discursos y gestos ampulosos, el silencio debe ser por una democracia que corre peligro de comenzar a agonizar detrás de la descalificación al opositor, la persecución de quienes piensan diferente, el silencio debe ser por la falta de una justicia verdaderamente independiente que peligra tras la colonización que hacen de ella su gobierno y su partido, que comenzó en los 90, y aún sigue, el silencio es porque su gobierno soberano tras su discurso revolucionario nos entrega a otro imperialismo que desprecia nuestra democracia tanto como el anterior.

Personalmente el 18 marcharé en silencio, no solo por Nisman y en su homenaje, sino por todas la injusticias que su gobierno comete, en reafirmación de mi libertad, y de mi concepción ética de la vida, por la justicia social que este país necesita, por la paz entre nosotros, y no soy por esto un enemigo del pueblo, solo soy alguien que piensa diferente.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El estado de cosas y el camino del cambio


Es increíble cómo la actualidad, nos va modificando los caminos del pensamiento, y la necesidad de modificar el estado de cosas en el que vivimos parece cada vez más acuciante, hasta el punto en el que no podemos ver más allá de la superficie, y creemos que está mal todo aquello que nos rodea.

Los argentinos estábamos acostumbrados a pasar nuestros días tranquilos, conviviendo con nuestros vecinos y amigos, dentro del territorio que nos es familiar, pero desde hace un tiempo, demasiado largo quizás, nos vemos inmersos en lo que vislumbramos como un caos generalizado, nos es invadido el espacio conocido, por gente que no hemos visto, cuya condición social no es peor que la nuestra, nos sentimos agredidos por un entorno que percibimos hostil, alentado en gran parte por la profunda división social que ha creado la conducción política del país.

Pero debemos aprender a diferenciar lo que parece de lo que es, desde hace mucho tiempo que el fantasma de la intolerancia social aparece, al principio de tanto en tanto, y hoy cotidianamente; vemos como las diferencias sociales, acentuadas por una mala política socioeconómica que saco a hombre del centro de la escena, aumentan la tensión social.

El estado de los 70, y de los 90, hasta hoy, puso toda su energía en satisfacer las necesidades de las corporaciones, creando una suerte de democracia escénica, donde lo que está frente a nuestros ojos es el oropel de un falso progreso, y detrás, una forma de ejercer el poder que somete al hombre al dictado de normas que son siempre funcionales a las Organizaciones que ejercen el poder corporativo, discrecionalmente y sin imitación alguna.

Los gobiernos democráticos desde los 90 hasta aquí, fueron siempre funcionales a esas corporaciones, económicas política y sindicales, donde la característica fundamental es la falta de representatividad social, y al subordinación del poder político a los estos intereses.

Es así que en los últimos años los partidos se han convertido en corporaciones cuyos hombres lejos de representar al ciudadano, lo utilizan como medio para sostener su parte dentro de la corporación.

Los sindicatos acuerdan con los empresarios hasta dónde puede llegar el reclamo, de forma que no afecte los intereses económicos del sector, o de la empresa, pero que al mismo tiempo no genere un daño que los saque de la conducción, de esta forma se genera una lianza entre sindicalistas y empleadores, donde el único perjudicado es el trabajador.

En el ámbito del gobierno el asunto es más grave aún, porque desde el poder se fomenta este estado de cosas, siendo funcional a las necesidades corporativas de cada grupo, dejando al margen de cualquier decisión, generando un proceso de división social que va en beneficio de los intereses de esas corporaciones.

La Igualdad no existe, la justicia, la libertad y la solidaridad, son solo enunciados escritos en una Constitución, que solamente se levanta cuando algún sector privilegiado ve amenazado su espacio vital; y es allí cuando el poder deja ver su verdadero rostro, la sola amenaza desata los más bajos y violentos métodos de su ejercicio, desde la mentira hasta la violencia propiamente dicha, de la cual se mantiene prescindente, dejando caer la responsabilidad sobre algún socio alguna vez favorecido, que debe pagar por las gracias recibidas.

Y esto no se trata solo de la política, sino de todos los espacios de poder de nuestra sociedad, porque, en definitiva, todos nos utilizan para sostenerse, así es que el gobierno nos abandona, las industrias nos envenenan, los medios nos mienten, la justicia nos olvida, el Congreso nos da la espalda, los empresarios nos esclavizan, y mucho más que no nos alcanzaría el tiempo de enumerar.

En este estado abandónico de cosas, es que surge en medio de nosotros el rencor y el resentimiento, hacia el que vemos como diferente, porque en realidad, como lo que se nos muestra es que el progreso y el bienestar están circunscriptos a quienes son parte de las corporaciones que detentan el poder, deja de importarnos el hombre, el otro. Pasamos de este modo a convertirnos en lobos de los hombres, como si los más de 2000 años de historia hubiesen pasado en vano.

El gobierno nacional, sin aceptar someterse a ninguna clase de control, avanza sobre los ciudadanos, hasta el punto en el que nos sentimos como objetos vigilados por el Gran Hermano que predijo Orwell, donde la intención de hacernos cargo del ejercicio de la libertad puede ser visto como un crimen, y es ahí donde este gobierno ha comenzado a generar esta desconfianza social, tratando de uniformar el pensamiento colectivo, alineado detrás de una forma de pensamiento nacional, donde el gobierno crea los héroes, y las historias, y estamos obligados a respetar esta posición, nos guste o no porque es la palabra oficial, así se empieza por borrar la historia, reemplazándola por otra que resulte más cómoda al poder; Milan Kundera en uno de sus libros relataba como con el correr del tiempo, los cambios, y la conveniencia del poder de turno iban desapareciendo de las fotos oficiales a los personajes que habían construido el estado socialista Checo, y Clement Gotwald estaba cada vez más solo saludando en ese balcón.

El gobierno obra de este modo, creyendo que la historia solo se cambia, cambiando el relato, creyendo que el solo discurso modifica la imagen que se tiene de nosotros como país, creyendo que el solo reparto de subsidios modifica el estatus social, inventando planes que su misma gente se ocupa de no cumplir, creyendo que devolver la dignidad justifica tener de esclavos de tal o cual agrupación, o dirigente adicto al oficialismo, a grandes sectores de la población en riesgo, creyendo que pagar la militancia asegura fidelidad política.

Y en este estado de cosas, todo lo que se pudo haber invertido en generar un cambio social real, se ha despilfarrado, en acciones vanas y escenarios grandilocuentes, pero detrás de esto se esconde la verdadera cara del poder, la de la mezquindad, la desidia, el abuso y el abandono de aquella parte de la sociedad que no le responde o no le es útil; la de la protección a funcionarios sospechosos, la de contribuir al sostenimiento de eternos gobernadores de provincias, e intendentes, cuyos antecedentes de parecen más a un prontuario que a un currículum.

El que cuestiona el fondo de un supuesto proyecto político, que solo se trata de mantener en el poder a la misma gente por mucho tiempo, es un traidor a la patria, o al pueblo; el solo cuestionamiento de la forma es considerado una violación a la fidelidad debida; solamente disentir es suficiente para que los partidarios del gobierno nos adviertan que, con tal o cual, no se jode.

De esta forma se reparte limosna en forma de beneficios sociales, que no llegan a todos, sino al sector que es más proclive a defender al poder, dejando fuera al resto de la sociedad.

Y cuando hablo de beneficios no me refiero solamente a subsidios en dinero, sino a todos los beneficios que los ciudadanos debemos acceder por ser parte integrante de la sociedad (somos parte indivisible del estado), y los sostenemos las estructuras políticas y de gobierno del estado.

Este estilo de hacer política, poniendo al hombre como subordinado de la organización, y de una determinada corporación, hace que la democracia sea solo un hecho formal, y no parte del derecho propio del ciudadano, porque en el afán de sostener la corporación se intenta convertir al hombre en el esclavo del aparato, solo como un engranaje más de una maquinaria.

Del otro lado el fenómeno es parecido, la impotencia, genera violencia verbal, descalificaciones del calibre más grueso posible, con o sin sentido, con o sin razón, provocado a veces por simple odio a una postura política, otras por algún daño que creemos que nos han infringido desde el poder, hasta llegar a la violencia física, como hemos visto últimamente; y en este estado, ¿cuánto puede faltar para el enfrentamiento abierto?

Es aquí donde la libertad es un espejismo, una entelequia, una declamación poética, pero no es una realidad, porque la libertad de los privilegiados de la corporación se construye sobre la sumisión de los desposeídos, disimulada detrás de una falsa imagen de benevolencia del poder.

Estamos frente a un dilema moral, como se reencausa el país en la normalidad, como se hace para volver a la concordia, y restablecer los lazos solidarios que mantienen unida a la sociedad, como se hace para que brecha provocada se cierre, y se vuelva a vivir en un estado donde la violencia, de cualquier tipo, deje de ser la moneda cotidiana de la sociedad, donde parece que la vida no vale nada.

Gran parte de la ciudadanía nos reclama, a los opositores, que nos unamos detrás de un proyecto común: Vencer al poder; pero vencer al poder no es, por si sola, razón suficiente para conformar un aglomerado de partidos, que pongan un candidato a consideración de la gente, sino que además debe ser un espacio donde los que participen tengan un vínculo común, por pertenecer a un arco ideológico que permita a los ciudadanos identificarse, claramente en coincidencia con su pensamiento respecto de lo que debe ser la sociedad, y hacia donde debe orientarse el gobierno.

Las urgencias electorales de siempre no pueden condicionar el proceso de creación política, pues este depende de la convicción desde lo ideológico, desde lo metodológico, y lo moral. No es posible que un agrupamiento de partidos donde no hay pensamientos, por lo menos parecidos, pueda funcionar.

Es indudable que la ciudadanía le reclama a la política, que se vuelva a gobernar al país, honesta y éticamente, pero para eso también es necesario que los espacios políticos, y sobre todos los que implican alianzas, sean lo suficientemente coherentes con una posición ideológica común, que implique también un compromiso con lo metodológico, que a la hora de gobernar continúe con el mismo alineamiento.

Lo que hay que cambiar en el poder, implica un cambio profundo en el comportamiento social de la república (de todos), y una alianza con sectores que alguna vez fueron socio de esta forma de gobernar, no sirve para que la reparación real sea posible, porque aunque suene anacrónico esta es la tarea, la de la Reparación total de la República, y esto implica la reparación social, económica y política, un verdadero cambio en la comprensión y el ejercicio del poder, con aquellos que desde su conducta y coherencia pueden demostrar esa pureza cívica necesaria para emprender la tarea, y esto no está ni en el PRO, ni En el Frente Renovador. Esto está en Nosotros, que hemos sido la guía moral de este país, y debemos volver a serlo.

miércoles, 28 de enero de 2015

Reflexiones sin titulo


En el norte de nuestro país, alguien se muere de hambre, porque no figura en una estadística por desnutrición, sino que tiene “Bajo Peso”; un eufemismo inventado para ocultar uno de los flagelos que los últimos 20 años de la Argentina no han conseguido desterrar; en el centro y hasta el sur más lejano alguien se morirá de frio, porque por su condición no puede acceder a ninguna forma de calefaccionarse, eficiente, económica y sustentable; en los centros urbanos más poblados alguien morirá envenenado lentamente, por residuos químicos arrojados sin control, filtrados hacia las napas de agua; alguien morirá producto de la infección provocado por buscar en la basura algo que dignifique su vida, en otros lugares del país morirán producto del envenenamiento por los residuos químicos desechados por la minería a cielo abierto.

Todos tendrán un hilo conductor común, la mayoría serán niños o ancianos, la mayoría serán pobres, la mayoría no tendrá educación.

En otras partes del país, un exportador de granos decidirá que no va a liquidar las divisas de lo que vendió, o un productor decidirá arrojar como basura su producción antes que venderla al costo que impone el mercado, y un gobierno permitirá que la perversidad de la intermediación destruya las ilusiones de mejora social, alguien decidirá que no merecemos tener industrias y provocara una escalada de desempleo, que el papel deberá ser más caro, y no habrá cuadernos, que no es suficientemente caro el precio de la carne, que los intereses son demasiado bajos, que los sueldos son demasiado altos, que la rentabilidad financiera es más importante que producir, que no se necesitan científicos, que lo que se produce debe ser poco para que se sostengan los precios, que los impuestos son demasiado bajos, que la salud es demasiado barata, que los medicamentos no deben estar al alcance de todos, que no importa, aunque baje el precio del petróleo el combustible será siendo caro, que no necesitamos justicia.

Todos los que tomen las decisiones tendrán algo en común, la mayoría serán ricos, la mayoría tendrá educación, la mayoría no serán niños, ni ancianos, la mayoría no tendrá remordimientos.

Esto es lo que ocurre cuando la cultura del exceso se consolida en el poder, se pierde la conciencia, la dimensión del efecto que tienen las decisiones que se toman, en pro de obtener mayores beneficios, políticos, económicos, sociales, concentrados en pocas manos.

Y el exceso consolidado en el poder, sea político, económico, social, cultural, provoca que las sociedades se dividan entre los que disfrutan de los beneficios, y el resto, generalmente la mayoría, generando un modo de violencia sorda, que sin estallar termina que el resto se arroje en las manos de quien ofrece las soluciones más rápidas, más efectistas, y seguramente más inútiles.

Así en el proceso se muere la gente, olvidada, callada, y anónimamente, sin que las tapas de los diarios les dediquen más tiempo que el que necesitan para lastimar al poder, y menos del que se necesita para crear la conciencia necesaria en el pueblo, y los gobiernos justificaran el abandono culpando a los medios, y a los mercados, y los empresarios culparán al gobierno o a los medios según convenga.

Entretanto en algún lugar del país mientras alguien tira comida, otro se muere de hambre, mientras alguien consume más energía de la que debe, alguien morirá de frio, mientras alguien sigue tirando basura sin control otro morirá por una infección desconocida, mientras tanto alguien decide ganar más de lo que debe alguien caerá en la pobreza, casi sin solución de continuidad, inexorablemente.

Al mismo tiempo lo único que se distribuye es la injusticia, lo único que se distribuye es el egoísmo social, lo único que se distribuye es el odio.

Seguramente el que lea esto se encogerá de hombros y dirá ¿y yo que puedo hacer?, la respuesta es TODO, tomar conciencia, asumir la condición de ciudadano responsable de gobernar-se, con la capacidad de exigir pacifica pero inexorablemente que termine al inmoralidad del derroche, del abandono, de la pobreza, porque el país se hace entre todos, o no faltara mucho tiempo para que desaparezca bajo el peso de nuestra propia desidia.

martes, 27 de enero de 2015

En el aniversario del holocausto


Por razones que tenían que ver con el trabajo de mi padre, crecí toda mi adolescencia y parte de mi juventud oyendo términos, como goy, Yom Kippur, Rosh Ashana, shikse, yidish, rabino, bar miztvá, etc. Todos me resultan familiares, porque tienen que ver con parte de mi vida, con algunos amigos que coseche en el camino, que traen el recuerdo de buenos tiempos.

Hoy me traen otros recuerdos, de cosas que he leído, y me han contado, se cumple un nuevo aniversario del hecho más terrible que recuerda la humanidad, el inicio del Holocausto, del intento de destruir en masa a toda una etnia, y una religión con el solo motivo justificar el odio y rendirle culto a la muerte.

El genocidio no era nuevo, lo practicaron los gobernantes más crueles de la historia, es la sistematización de  la perversidad, el odio, la intolerancia, la brutalidad, justificada por una supuesta superioridad de unos sobre otros.

El Nazismo infringió a la humanidad el daño más terrible que se podía, porque consiguió que aún hoy persista el odio racial y religioso, y se lo siga utilizando como herramienta para justificar, la inoperancia propia de los dictadores.

Todavía escuchamos términos como judío, negro o chino de m..., que nos roban todo, que se enriquecen a nuestra costa, que tienen todas la oportunidades, y todo un rosario de tonterías, que hacen más que desnudar los defectos que tenemos como sociedad.

Todavía estamos a tiempo de cambiar y enterrar el odio, de una vez por todas; guardar en la memoria hechos como este nos debe servir para entender, que si no combatimos el autoritarismo, la tiranía, y el desprecio por el que es diferente, siempre estamos en riego de ser nosotros las victimas de nuevos holocaustos, porque en el mundo sobran locos mesiánicos capaces de cualquier cosa.

A todos aquellos amigos Judíos, o no, solo les puedo decir a modo de homenaje, ¡Memoria, Shalom Aleihem! (la paz sea contigo).

 

Carlos Gowland.

Un comentario sobre las palabras de la Presidenta


Parece que no se hizo nada en materia de derechos humanos hasta el 2003, y nada con relación a la AMIA y al Atentado a la embajada hasta que llegaron El, y Ella, pero para desgracia, todavía algunos tenemos un poco de memoria, creo que vale la siguiente aclaración.

1) En 1983 a horas de haber asumido, el Presidente Raúl Alfonsín, inicio la denuncia que dio lugar al Juicio a las Juntas, primero caso en la historia, donde un país juzgaba a sus propias autoridades sin intervención extranjera, el único antecedente parecido se había dado en Grecia, liego de la caída del gobierno de los coroneles. A los que estábamos viendo la Cadena Nacional esa noche, nos corrió una gota de sudor por la espalda, producto de la sorpresa, y también de temor por lo que pudiera pasar, en un momento donde las Fuerzas Armadas tenia todavía un importante poder sobre un sector reaccionario de la opinión pública.

2) como testigo del modo en el que se dieron las leyes de Obediencia Debido y Punto Final, creo que no había salida posible, y ante la opción de un nuevo baño de sangre, no era lo mejor, sino lo único que se podía hacer, y se hizo con tristeza, y se hizo con bronca mordiéndose la lengua.

3) Su partido Sra. presidenta había convalidado la ley de auto amnistía que había dictado el Gobierno Nacional, así lo hizo saber al pueblo su partido por boca de sus dirigentes más importantes, Luder, Cafiero, Lorenzo Miguel, Iglesias..., y siguen los nombres.

4) Ni Ud. Ni su esposo hicieron nada por los derechos humanos durante la dictadura, ni después, salvo hacer dinero, no movieron un pelo por nadie.

5) A nadie le escapa, que descolgar un cuadro, y derogar una ley, que ya había sido derogada por la Justicia, no es precisamente un acto de valor, sino un mero simbolismo demagógico.

6) Los Atentados de la Embajada de Israel y la AMIA fueron el producto de los desatinos del gobierno de su partido, dirigido por el Dr. Menem, al que EL, y Ud. elogiaron por ser el "mejor presidente que tuvo la república", quien nos metió en el medio de un conflicto, que no solo nos era extraño, sino que además, destruyó años de convivencia pacífica entre colectividades, nacionalidades diferentes, que ayudaron a construir la Republica con su trabajo y sacrificio.

7) Era, obviamente obligación de su partido arreglar el estropicio, que Uds. mismos habían provocado, y la creación de esa Unidad Fiscal Fue Aplaudida por todos, y me incluyo, porque por fin, podríamos saber la verdad.

8) pero como no podía ser de otra manera, Ud. y su Partido en el gobierno, habrían de destruir lo que pacientemente había construido, incluso negando el único argumento válido que tenía en su defensa; con lo último que ha pasado, al negar a influencia de El en la designación de Nisman como Fiscal Especial, está aceptando que en realidad no tenía la intención de esclarecer nada.

9) Lamentablemente se ha rodeado de personajes Oscuros y violentos, como también son algunos de alguna oposición, dándole un protagonismo que no solo no se merecen, si no que no se lo han ganado.

10) me imagino que por estas horas los agentes de la SIDE están quemando pilas de papeles, que puedan comprometer a muchísima gente, incluidos muchos personajes políticos.

 

La señora presidenta, nos miente, nos abandona, y esto es lo peor que un mandatario puede hacer a su pueblo, porque quien dice encabezar una revolución que no revoluciona nada, en definitiva, no sirve como gobernante.

domingo, 25 de enero de 2015

Porque no con el PRO, ni con el Frente Renovador


Últimamente, parte de nuestra dirigencia política, (y ante los últimos acontecimientos la idea ha recrudecido), cree que es necesario un frente político opositor, que incluya no solo a los partidos de FA UNEN,  sino también al PRO (mejor dicho al Efectivismo Macrista), o al Frente Renovador (que no parece renovar nada).
La realidad es que las alianzas a contramano son imposibles, y ya tenemos la experiencia, porque no son ni programáticas, ni ideológicas, solo se trata de amontonar una pila de gente que piensa tan diferente como un Católico de un Musulmán.
Tanto el FR como el PRO, implican un regreso a los años 90, donde una mentirosa estabilidad impulsó un proceso de acumulación de riqueza, tan fabuloso como perverso, puesto que puso bajo el límite de pobreza a más del 50% de los argentinos, y provoco la desocupación más alta de la historia, peor aún que la de la década infame.
No puede seguir pasando por alto que los dos partidos solo necesitan una alianza electoral, para poder utilizar la estructura geopolítica del radicalismo, y nada más, que detrás de su "prolijidad" gubernativa, solo se esconde la intención de generar redes de negocios para parientes y amigos, pero con menos escándalo.
La derecha, neo derecha, neo liberalismo, neo capitalismo, no puede dejar de ver el estado como una maquinaria destinada a mejorar los negocios de los grandes empresarios, y en el caso argentino, además se ocupa de beneficiar en esos negocios al capital extranjero, proveyéndole de socios locales.
Los 90, demostraron que al capitalismo liberal no le interesa, ni siquiera que exista un punto de partida igual para todos, y en ese periodo como en la dictadura dejaron sin igualdad de oportunidades a la mitad del país, destruyeron un sistema educativo que formaba técnicos y profesionales especializados, para cambiarlo por otro que no ha aportado ningún beneficio a la población, que degradó a docentes y alumnos por igual, hasta convertirlo en un mero depósito de jóvenes y niños, que de paso algo pueden aprender.
SI sumamos a esto el proceso de exclusión, que actualmente se ha reavivado, tenemos como resultado el estado de disolución social en que nos encontramos.
Las Alianzas opositoras que persiguen como único fin acceder al poder, lo único que consiguen son gobiernos que no representan a sus ciudadanos y están condenados al fracaso.
Es preferible para el ámbito del FA UNEN, seguir como hasta hoy, agregando la búsqueda de un programa común a todos, que sea el que pueda levantarse como bandera, una vez definida la candidatura en las PASO, manteniendo la identidad política que tuvo desde su inicio.
Si se produjera un acurdo con el PRO o el FR, los Partidos del UNEN perderían su identidad política, para convertirse en escoltas de sectores que, igual al actual gobierno, buscan servirse del poder.
Es preferible que se pierdan mil elecciones y que se salven los principios, sentencio Yrigoyen hace muchos años, Arturo Illia, nos dijo que la nación necesitaba hombres responsables, que era difícil ser Radical pero valía la pena serlo, Alfonsín nos enseñó el camino de la coherencia y de la democracia, enfrentando a estos intereses que hoy nos quieren como socios minoritarios, mascotas del poder.
El PRO y el FR por igual entrañan los males de los que nos advirtieron nuestros más grandes dirigentes políticos, cuya sola memoria debería ser suficiente para frenar cualquier intento de reeditar aventuras que solo dieron lugar a la destrucción política. Alem, Yrigoyen, Oyanarthe, Alvear, Lebhenson, Larralde Sabatini, Illia o Alfonsín, jamás hubieran imaginado una alianza de estas características.
No lo hagamos nosotros.

jueves, 22 de enero de 2015

La muerte de Nisman, anomia y alerta

La muerte del Fiscal Nisman es una alerta definitiva, para ver el estado anómico en el que nos encontramos como sociedad, no es posible que pueda funcionar ninguna institución republicana cuando el poder es sospechado de corrupción, crímenes, complicidades.

Pero esto no es nuevo, históricamente en nuestro país esto ha sido así, desde los albores de la nacionalidad, hemos sufrido magnicidios, injusticias, corrupciones escandalosas, asesinatos políticos, torturas, atentados, y de nuevo el circulo sigue girando y reiteradamente vuelven a ocurrir, matanzas atentados, torturas, ocultamientos, corrupciones, asesinatos.

Posiblemente nos hemos anestesiado, y lleguemos al punto del acostumbramiento, creyendo que ante cualquier acto opositor al poder la venganza sea la respuesta natural, porque ya lo hizo quien estuvo antes, y lo hará quien venga después.

Los mensajes que se cruzan parecen cada vez más violentos, las paredes que se pintan reflejan que en realidad vivimos en un estado de inconciencia, pero no solo el gobierno, sino también la sociedad en general. Los insultos, y amenazas dirigidas a quienes piensan diferente lo demuestran cabalmente, y ante un estado sospechado de corrupción, nos corrompemos  también, por las dudas, hasta que finalmente se cae en la falta de conciencia de la existencia de las normas morales más elementales, que permiten la vida en sociedad.

El asesinato de Nisman, es un golpe tremendo contra la República, que debería despertar la conciencia de nosotros como ciudadanos, y preguntarnos si ¿no es la hora de volver a descubrir la importancia de lo moral, de lo ético, de recuperar la solidaridad social?, que es lo que construye a  la Republica.

La omnipotencia del poder, que cree que cualquier medio es válido para sostener sus privilegios, aun a costa de la vida y de la paz social, la permanencia ininterrumpida en su ejercicio, utilizando todos los medios posibles, la exageración del boato y la pompa hasta llegar a la lujuria, la actitud de muchos de nuestros representantes, que de estar tanto tiempo ocupando sus cargos, han creado una oligocracia que ha olvidado donde está el pueblo, cuyos intereses dicen proteger.

Nuestro sistema no funciona bien, y es evidente que es necesario poner freno a tales excesos, yendo hacia una democracia republicana mucho más amplia y más representativa.

Porque cuando la sociedad sospecha del estado, de la justicia, de sus representantes, es que ha descreído del sistema, y esto posiblemente indique que ha dejado de ser el continente de la sociedad a la que está dirigido.

Cuando el sistema pólitico comienza a fallar el tejido social se resquebraja, y las sociedades se dividen, casi siempre violentamente, y esto, precisamente, es lo que debe evitarse.

Posiblemente sea hora de plantearnos si no debemos cambiar algunas cosas que no permiten que la democracia, y la república no funcionen correctamente, quizá sea hora de introducir reformas que limiten el ejercicio del poder, en tiempo y espacio, para evitar que el enquistamiento termine en la perversidad de la tiranía.

Lo más peligroso que existe para la democracia y la república es precisamente eso, que la permanencia termina por convertir a los dirigentes en tiranos,  dueños de la verdad, propietarios de la vida y de la muerte de las personas, conculcan los derechos, anulan las garantías, para finalmente eliminar las libertades de quienes, en lugar de proteger, convierte en victimas del poder.

Pero solo es posible si el pueblo se lo propone, si surge del clamor de la sociedad, y no como parte de un acuerdo de dirigentes, para crear una Constitución “a la medida”, sino como una real necesidad para poder vivir finalmente en una sociedad en “unión y libertad”, como promete el preámbulo.