Por razones que tenían que ver con el trabajo de mi padre,
crecí toda mi adolescencia y parte de mi juventud oyendo términos, como goy,
Yom Kippur, Rosh Ashana, shikse, yidish, rabino, bar miztvá, etc. Todos me
resultan familiares, porque tienen que ver con parte de mi vida, con algunos
amigos que coseche en el camino, que traen el recuerdo de buenos tiempos.
Hoy me traen otros recuerdos, de cosas que he leído, y me
han contado, se cumple un nuevo aniversario del hecho más terrible que recuerda
la humanidad, el inicio del Holocausto, del intento de destruir en masa a toda
una etnia, y una religión con el solo motivo justificar el odio y rendirle
culto a la muerte.
El genocidio no era nuevo, lo practicaron los gobernantes más
crueles de la historia, es la sistematización de la perversidad, el odio, la intolerancia, la
brutalidad, justificada por una supuesta superioridad de unos sobre otros.
El Nazismo infringió a la humanidad el daño más terrible que
se podía, porque consiguió que aún hoy persista el odio racial y religioso, y
se lo siga utilizando como herramienta para justificar, la inoperancia propia
de los dictadores.
Todavía escuchamos términos como judío, negro o chino de
m..., que nos roban todo, que se enriquecen a nuestra costa, que tienen todas
la oportunidades, y todo un rosario de tonterías, que hacen más que desnudar
los defectos que tenemos como sociedad.
Todavía estamos a tiempo de cambiar y enterrar el odio, de
una vez por todas; guardar en la memoria hechos como este nos debe servir para
entender, que si no combatimos el autoritarismo, la tiranía, y el desprecio por
el que es diferente, siempre estamos en riego de ser nosotros las victimas de
nuevos holocaustos, porque en el mundo sobran locos mesiánicos capaces de
cualquier cosa.
A todos aquellos amigos Judíos, o no, solo les puedo decir a
modo de homenaje, ¡Memoria, Shalom Aleihem! (la paz sea contigo).
Carlos Gowland.
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