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lunes, 6 de junio de 2016

Municipio y Política, Aumentar la representatividad


Siguiendo con esta idea de poder expresar una idea acabada de aquello que, personalmente entiendo, debe ser el gobierno municipal en la Provincia de Buenos, y sobre la certeza de que la libertad propia del espíritu humano, se transmite hacia arriba, como un modo natural consecuente de la conducta gregaria del hombre, que debe ser aplicada a la organización política de la provincia, me parece interesante poder hacer alguna reflexiones al respecto de la organización política municipal; siempre teniendo en claro la idea de alcanzar una autentica representatividad de los pueblos de la provincia.-
Está claro que la democracia directa, con excepción de aquellas cosas que pueden someterse a consultas populares, es un quimera casi imposible, aunque si podemos asumir la idea de que la institucionalidad política del municipio, llegue tan abajo como sea posible, y esto es hasta el ciudadano, con la creación de institutos que aseguren la representatividad de todos.-
Siguiendo la línea de un artículo anterior publicado en esta página, y en coincidencia con la idea de la profundización democrática, resulta necesario esbozar una idea que si bien no es novedosa, en la provincia de Buenos Aires, no se ha aplicado, por razones más político partidarias que auténticamente institucionales.
La institucionalidad de nuestros municipios de la provincia deja, la institución de las delegaciones municipales al arbitrio de intendente de turno, sin establecer un régimen que sea, no uniforme, puesto que posiblemente no sea aplicable en todos los distritos de la provincia, puesto que no es posible que todos se organicen del mismo modo, aunque si en el mismo sentido.
Aquellos que creemos que la democracia es un sistema que por el mismo hecho de haber surgido como una consecuencia de la propia naturaleza humana, como el hombre, se modifica y se perfecciona, debiendo evolucionar siguiendo el ritmo de la evolución, puesto que necesariamente esta será convertida en un fenómeno social, puesto que toda evolución será naturalmente compartida con otros. Esto no solo es retórico, sino que es un fenómeno verificable, sobre todo en aquellas democracias que más se han perfeccionado en la historia, como las escandinavas.
Siguiendo esta lógica propia de la democracia, es claro que en los grandes distritos de la provincia, es necesario ampliar el ámbito de participación, haciendo que el gobierno local, sea el vehículo donde las aspiraciones son conducidas por el camino de las realizaciones, y es claro que el actual esquema de gobierno municipal de la provincia no ha sido lo suficientemente efectivo en cuanto a la interpretación y representación de la voluntad, sino que ha convertido a los intendentes en una especie de Cesares, infalibles al estilo romano, que dependiendo de sus necesidades de conservación, cumplen o no con las necesidades de los distintos sectores, atendiendo más al peso electoral de determinadas zonas, que a una programación que atienda a las necesidades reales.
En este sentido, es necesario que se creen instituciones que por un lado limiten el poder de los intendentes, y eviten su permanencia ininterrumpida, sino que esto se haga extensible a los concejales, obligando a renovación permanente, no en términos generacionales, sino de las ideas que hacen a la evolución y funcionamiento de las ciudades.
Pero, si bien esto, es necesario, no es suficiente, y en una democracia real debe hacerse lo necesario; y a eso nos referimos cuando hablamos de crear una mayor participación.
Además de asegurar la renovación de los mandatos, es necesario que en los distritos se creen organismos descentralizados, que reemplacen la designación tradicional de delegados municipales, y avancen hacia la creación de pequeñas comunas  que asuman la delegación de facultades municipales, creando en ellas concejos vecinales, que dependiendo de su ubicación política o geográfica, reemplacen a las actuales asociaciones de fomento.
La estructura ideal de estos concejos debe ser una reproducción de la organización comunal existente, que permitan descentralizar las decisiones, de forma que se asegure que la participación popular sirva para determinar cuál es el plan de gobierno que se deba llevar a cabo.
De esta forma es posible empoderar realmente al ciudadano convirtiéndolo en un artífice del desarrollo de su ámbito vecinal; puesto que el empoderamiento tiene que ver con la capacidad de decisión del ciudadano, y no con un nivel de ingreso determinado, o con la recepción de un supuesto beneficio social.
Los delegados municipales, por razones políticas de los intendentes, suelen ser aquellos que responden fielmente a sus necesidades políticas y provienen generalmente de su círculo de influencia, y en muchos casos suelen no ser de las localidades a adonde se los destina, que naturalmente el circuito o circunscripción al que este destinado lo rechazara como un organismo a un cuerpo extraño.
Los municipios tienen la facultad de establecer delegaciones comunales, comisiones de fomento, y reglamentar su organización, y elección de sus autoridades. Pero una vez creadas muchas veces dependen de la cercanía política de sus autoridades con el intendente de turno, para que puedan obtener algunos beneficios para su comunidad. Si en cambio la existencia de los concejos vecinales se institucionaliza, esto obligaría a os jefes municipales a tener puesto el oído en la comunidad y no circunscribirse a su círculo de confianza, que demás está decir, por una cuestión de supervivencia política no suele ser el mejor asesor de los intendentes.
Pero esto es solo una parte de la solución pero no completa el panorama, los concejos deliberantes, también adolecen de un problema de representatividad, puesto que generalmente solo representan al sector geográfico más populoso de un distrito, ignorándose muchas veces que esta representación debe estar ceñida a la pertenencia de alguna circunscripción determinada.
De esta forma el ámbito completo del distrito estará representado, de un modo más directo como un auténtico representante de la voluntad popular.
Las funciones de esta delegaciones conformadas de este modo, no necesariamente implican un desperdicio de esfuerzos, sino que por el contrario implican un avance en el ámbito de las realizaciones ciudadanas, que lejos de encarecer el costo de la gestión pública permite abaratar el costo administrativo que implica la centralización, sobre todo debido a lo pesado que resulta el movimiento del engranaje municipal.
De esta forma el esquema de decisiones, no solo dejaría de ser descendente, sino que se transformaría en un tránsito de ida y vuelta, donde la decisión política es la consecuencia de un consenso general.
Esto implica un cambio de cultura política que podría poner al estado al servicio del ciudadano, y no someter al ciudadano al capricho del estado.
En esta representación, la representación del concejo queda sujeta al voto circunscripcional, y la cantidad de concejales de cada circunscripción se definirá, en base a la cantidad de electores de la circunscripción, del mismo modo se constituirán los concejos vecinales, de esta forma se crea una relación de doble vía, tanto con el Depto. Ejecutivo, como con el Concejo Deliberante.
Se crea así, una relación de poder basada en la representatividad, donde el ciudadano es el protagonista de las decisiones que tienen que ver con su hábitat inmediato.
Esta nota pretende ser un aporte más a la discusión sobre la ampliación de la democracia, y la forma de hacer que sus beneficios lleguen más directamente a la población; por supuesto que cualquiera podrá cuestionar, el impacto presupuestario, o la pérdida de poder que esto implica.
Hay algo que debe quedar claro; se trata de perder poder, y ganar gobernabilidad; se trata de aumentar representatividad, y generar responsabilidad ciudadana; se trata de perfeccionar la democracia, se trata de hacer que la provincia sea un espacio para todos, sin exclusiones.

Como dijo Arturo Illia, si es necesario mejorar la democracia, y ello implica modificar la constitución, habrá que hacerlo: "Si estamos en una nueva era, tenemos que adecuar la arquitectura del Estado, la organización del gobierno, para incorporarnos a esa era. Cambiar una estructura centralizada por otra descentralizada. Cambiar una estructura piramidal por otra donde los centros de decisión sean múltiples"

domingo, 27 de marzo de 2016

Municipio y Salud, una discusión necesaria


Hace un tiempo, pretendiendo hacer abstracción de la realidad, intente dedicar este espacio al análisis de la cuestión municipal, debido a que consecuentemente con mi pasión radical, soy un municipalista, que entiende que gran parte de los problemas estructurales de la provincia y del país son, en parte, por haber negado la importancia que tiene el municipio como la organización preexistente al estado.

Los argentinos tenemos la particularidad de quedar a medio camino, los programas energéticos nunca se terminan, las obras viales nunca se completan, las obras sanitarias mucho menos, la educación nunca es lo importante que debe ser, etc.

Somos el país del medio hacer, y en ese medio hacer discutimos si esto debe ser tal o cual cosa, la nueva constitución no pudo consagrar el parlamentarismo y lo dejo a medio camino, de un régimen que, a pesar del intento, consagro más fuertemente el presidencialismo; esto con el agravante que debido a las formas electorales adoptadas no existe posibilidad alguna, que el Jefe de gabinete pueda ser censurado por el parlamento.

Bajando un poco, la Provincia de Buenos Aires tampoco consiguió consagrar un texto constitucional que alineara detrás de un proyecto común a todos los bonaerenses, y esto es porque se sigue negando el derecho a la autonomía de los municipios, en aras de la acumulación de poder en manos de los gobernadores.

Esta mitad de camino permanente, provoca que las políticas provinciales nunca definan plenamente, responsabilidades, procedimientos, funciones; así la provincia se ha convertido en un elefante difícil de movilizar, poco eficiente a la hora de planificar, concretar, y hasta enfrentar una crisis.

La Educación en manos de la provincia está en crisis, la Seguridad en manos de la provincia está en crisis, las obras públicas en manos de la provincia nunca se terminan, la distribución de impuestos lejos de ser justa es un problema para los municipios, la Salud en manos de la provincia es un problema y cada vez más serio.

Precisamente es en el último tema, donde debiéramos detenernos, para empezar a comprender por qué la provincia debe ser institucionalmente reformada.

La gestión de Salud Publica ha sido, y con creces, la peor de toda la historia de la provincia de Buenos Aires, desde hace un siglo que no se veía una administración de salud tan deficiente como la iniciada en 1989 hasta la actualidad, que se caracterizó por la permanente improvisación ante cualquier situación, de mostrando una permanente inexistencia de una planificación realmente seria.

El desastre generado en materia de Salud, se vio reflejado cuando al declararse la epidemia de Dengue, se designaron dos hospitales, uno provincial y otro nacional para derivar las pruebas de laboratorio, y llegado el momento estas no tenían el material necesario para realizar los estudios bacteriológicos, para los que habían sido designados.

El  actual esquema de salud es un derivado de la profundización de una política de centralización, orientada a la utilización de los recursos en beneficio de la política partidaria, y no de la promoción social de la comunidad, invertir en la salud no es un buen negocio político para nadie, pero si lo es distraer los recursos destinados a preservarla.

Lamentablemente la política siempre ha creído que solo hay que ocuparse de lo que se ve, por lo tanto la única inversión posible en salud es la que se ve, el anterior gobierno provincial (y los anteriores a él, también), así lo entendió, y construyo cosas inservibles, pero visibles, pintadas de colores brillantes.-

Estas son las razones, que indican que el manejo inmediato de la salud pública debe ser municipal, puesto que el municipio tiene la posibilidad de una rápida capacidad de respuesta, por su cercanía física con el problema, y la proximidad con el ciudadano.

Desde hace un tiempo se discute este tema, hay muchos dirigentes políticos de toda la provincia que consideran la salud pública como un gasto, caracterizándola como el cáncer de la administración pública, que impide que se puedan prestar correctamente el resto los servicios municipales, y que la salud debiera estar en manos del estado provincial.-

Ocurre, que hay aquí una mala noticia, ¡Los hospitales públicos en manos de los municipios, seguirán estándolo, sin posibilidades de modificar este status!, esta es una discusión vana, el estado provincial no va a revertir una decisión tomada a principios de los ochenta, y mucho menos cuando se desentendió de este problema, y seguirá haciéndolo, o digamos gestionando en forma descentralizada.-

Ahora bien, es necesario tener en claro que es lo que significa la prestación de  servicios de Salud, porque no es solo mantener un hospital, el concepto es mucho más amplio, debido a que debemos entender que implica prestar un servicio de salud pública integral, desde una concepción moderna.

La prestación de servicios de salud empieza por una planificación correcta de los servicios, porque el costo hospitalario se controla desde la prevención, es decir que la salud empieza por atender correctamente la prestación de los servicios habituales; puesto que de esto dependerá que los hospitales solo reciban aquellos caso cuya prevención resulta imposible de controlar, por la complejidad de su patología, y no por la falta de una política preventiva.-

Como ejemplo; el control del alcantarillado urbano, que provea un correcto drenaje de las aguas de lluvia, evitando el estancamiento, la ejecución de desagües pluviales, y su limpieza, el corte del pasto que crece en las cunetas de las calles de tierra, son tareas que actúan preventivamente sobre la salud, porque evitan el estancamiento del agua, y  la proliferación de insectos y gérmenes dañinos.

La provisión de agua corriente, correctamente potabilizada, con el correcto mantenimiento de los ductos de agua, y la ejecución de obras de cloacas, y de las plantas de tratamiento correctamente mantenidas y en funcionamiento, son los pilares fundamentales donde se apoya la política de prevención; del mismo modo el retiro, la separación y la disposición final de los residuos, en sitios específicamente acondicionados; El control de plagas urbanas, y la sanidad animal, constituyen, por si, acciones que impiden que se dispare el costo hospitalario.-

El municipio en su misión de gobierno, tiene la obligación de prestar servicios de salud, porque no hay autonomía posible si el municipio no se hace cargo de estas políticas, el problema son las condiciones en las que se debe hacer cargo, que generalmente son las peores, porque normalmente no se cuenta con la totalidad de la infraestructura necesaria, ni los recursos económicos.

Aquí es donde los detractores de la Salud pública municipal, tienen su más fuerte argumento, puesto que es el déficit que provoca la administración de salud, pues bien esta es la mejor respuesta, salud publica no significa salud gratuita, debido a que existen numerosas fuentes de financiamiento para solventar el costo de implica prestar servicios.

El primero es la coparticipación de salud, que depende de las estadísticas de atención, que los establecimientos deben confeccionar, que no solo sirven para recaudar sino que son un elemento importantísimo a la hora de desarrollar políticas.

La segunda fuente de financiamiento la constituyen las tasas por servicios de salud, que funcionan como fondos específicos, para el financiamiento de los insumos hospitalarios, y el equipamiento.-

Los recursos provenientes de los programas de salud provinciales y  nacionales, como el actual plan Sumar, y otros que permiten obtener una ingreso adicional como contraprestación de prácticas orientadas a un sector poblacional determinado.-

Hasta aquí los planes de fomento de orden público, pero además la posibilidad de prestar servicios a las obras sociales, implica también un ingreso importantísimo, que a partir de la descentralización, que reemplazó el anterior sistema de autogestión, permite que los establecimientos municipales, puedan celebrar convenios prestacionales, con cualquier obra social, que incluso son alentados por la superintendencia de servicios de salud.

La celebración de convenios es una práctica saludable, puesto que ante el retroceso de la salud privada tradicional, a manos de conglomerados financieros cuya finalidad es la obtención de ganancias, producto de una atención que lo único que tiene de diferente al hospital es la calidad de la hotelería, y en algunos casos si siquiera eso.

En los distritos donde no existen efectores privados, este es un sistema que permite obtener recursos, que no solo incrementan, el salario de profesionales y empleados a través de la redistribución de los ingresos provenientes de la facturación, sino que si se actúa eficientemente, permite compensar el déficit del tesoro municipal. Así los hospitales de pueblo combinan todos los sistemas existentes, siendo la única posibilidad de sostener e incluso mejorar su capacidad de atención.

No se trata de competir con el sector privado, puesto que a nivel de la opinión popular, el hospital público está mucho mejor considerado que el efector privado, puesto que en la apreciación empírica se percibe que los grandes logros en materia de salud provienen del hospital público, por lo que en realidad el sector privado es quien debiera competir con el público, en un sentido positivo actuando subsidiariamente.

La salud es, sin lugar a dudas, el bien más preciado del hombre, y uno de los derechos más importantes del ciudadano, y al mismo tiempo, una de las más importantes obligaciones del estado es la prestación de servicio de salud acordes con ese derecho, el municipio en su carácter de estado primigenio no puede sustraerse a esta obligación.

El gobierno de la Provincia es el ente que debe establecer, con acuerdo de los municipios, las políticas globales de salud, y abastecer a las autoridades locales de los recursos necesarios para llevarlas adelante, apoyando fundamentalmente las acciones preventivas, que son las que impiden que los hospitales se transformen en un gasto insostenible; esto también implica un escalonamiento de la atención basada en la complejidad, donde los hospitales interzonales sean los receptores de aquellos casos que por sus características y complejidad no puedan ser resueltos por las estructuras locales.

Por supuesto que esto implica que la política de salud sea una política de estado controlada por los ciudadanos, por lo que no sería descabellad que así como existen los consejos vecinales de seguridad, también existan a nivel de salud, siendo un ámbito donde se discuta la política de salud desde el punto de vista de la percepción ciudadana.

Cualquiera diría que la fijación de la política de salud, no puede ser producto de la discusión ciudadana, porque es una cuestión privativa de los profesionales, pero aquí hay una cuestión que debe contemplarse; corresponde a las profesiones de la salud, el análisis y la proyección y la ejecución de las políticas fijadas desde el poder político, quien es el responsable de determinarlas atendiendo el reclamo y la necesidad de los ciudadanos.-

El ciudadano debe participar de la fijación de las políticas de salud, porque se trata de su salud, que se ejecuta con el producto de sus aportes, para lograr vivir y desarrollarse en una sociedad medianamente organizada, y orientada a la felicidad común.-

viernes, 10 de julio de 2015

La cuestión municipal en la Provincia de Buenos aires

Las elecciones actuales deberían servir para poner sobre el tapete, la existencia de un problema municipal, preexistente en la Provincia de Buenos Aires, desde que el régimen interpretó que el estado provincial debía retener para sí todo el poder político del territorio, en desmedro del municipio.

El Cabildo, Municipio Original

Con esta decisión se dio por tierra con cientos de años de autonomía municipal, consagrada en los cabildos, que tenían potestades de Gobierno, Justicia y Regimiento, esto último en el sentido legislativo del término, la lejanía del poder central español permitió que esa autonomía de los cabildos se consolidara, puesto que era el que debía asumir, por proximidad, las funciones del estado en manos de un ausente monarca.
El poder de los cabildos, luego de la independencia, debía ser consolidado y reafirmado, puesto que la proximidad con el ciudadano permitía, que se lograra, no solo un verdadero federalismo,  consistente en los hechos, sino una forma de poder auténticamente representativo desde la base poblacional que significaban las ciudades, aisladas, además por las grandes distancias y la dificultad de las comunicaciones.
Pero el poder político de la época, con el consenso de todos los sectores políticos, en 1821 decidió eliminar los cabildos, en contra de cualquier tesis razonable excepto una, todos temían por su poder (por eso Rosas tampoco reinstauró el sistema de cabildos), en lugar de reconvertirlos para avanzar hacia un sistema municipal más moderno.
Ataúlfo Pérez Aznar, en un trabajo sobre el pensamiento federal del radicalismo, insistió coincidentemente a la tesis de Ramos Mexía, que reconocía que los orígenes del federalismo nacional debían encontrarse en las administraciones locales, es decir en los cabildos, lo mismo afirmo Federico Fernandez de Monjardín, en un trabajo sobre el problema municipal, donde, además afirmaba que la convicción de la naturaleza autónoma del municipio era parte de los principios que el radicalismo sostenía y debía reafirmar.
No es casual que la doctrina radical crea en la autonomía municipal, o como lo llamo Monjardín en el municipalismo, como parte de la doctrina, además de entender que la observación de la conducta humana fuera de los condicionamientos que impone la política, permite afirmar que La autonomía es una consecuencia del carácter libre del ser humano.

La libertad del hombre se traspasa a la ciudad en forma de autonomía.

El Hombre es un animal naturalmente libre, como muchos otros, pero es el único animal que puede intelectualizar la libertad, si entendemos como la libertad es la capacidad que el hombre tiene de decidir, y ejercer esa capacidad sabiendo que este es el único instante en que es totalmente libre, luego las consecuencias de sus decisiones, buenas o malas, serán las que regirán su destino.
Esa capacidad de ejercer la libertad, se ejerce a través de una valoración cualitativa de las causas, condiciones y posibles consecuencias, acto intelectual propio e individual, es decir autónomo.

¿Qué tiene que ver esto con la naturaleza de la ciudad?:

La naturaleza intelectual del hombre, se traslada al ámbito donde se desarrolla, si imaginamos un posible escenario de la evolución, podemos obtener conclusiones que por no ser académicas, son interesantes para la política.
El hombre es un animal gregario desde su origen, es decir se relacionaba en manadas, eligiendo el contacto con otros de su misma especie, tomo posesión del espacio como consecuencia de la evolución, y la movilización a través de los continentes, posibilito que en cada lugar del mundo se desarrollaran hombres con características diferentes, pero con igual capacidad de intelectualizar la experiencia transformándola en conocimiento, así las manadas se convirtieron en tribus, la relaciones se hicieron mucho más complejas estrechándose entre los hombres de la tribu, esta protegía a sus crías, proveía el abrigo, establecía territorios de caza, y rutas migratorias cuando la escases de alimentos lo requería.
Cuando el hombre encontró que los condicionamientos ambientales lo obligaban a establecerse, se hizo hábil en el manejo de las herramientas, se convirtió en agricultor, y paulatinamente la caza se convirtió en cría de animales, el aprendizaje permanente en cultura, el hombre nómade devino en sedentario, su capacidad de comprender lo adueñó del paisaje, y paulatinamente lo dominó, a su conveniencia, estaba estableciéndose en un lugar permanente, nace la aldea, una evolución natural de la comunidad tribal, y la existencia de la aldea obligaba a establecer, códigos de comportamiento, autoridad organizativa, es decir reglamentos que permitieran que la comunidad viviese en una forma de armonía, el hombre en su capacidad de analizar y valorar, acepto limitar su libertad, como forma de permitir la convivencia entre todos los miembros de la comunidad.
Las aldeas dominaban el territorio circundante, las autoridades se convirtieron en gobiernos, y los hombres desarrollaron un sentimiento de pertenencia, hacia un lugar donde se reconocía el origen común, porque el primer sentido patriótico del hombre tiene que ver con su terruño, el original, las aldeas se gobernaban así mismas, y con el tiempo evolucionaron en ciudades, se dieron instituciones más evolucionadas, y por su crecimiento se convirtieron en estados, las ciudades fueron estado antes que existieran las naciones; dieron origen a las naciones.
Las naciones fueron posteriores a las ciudades, y su origen es parte de la evolución de las ciudades, aunque en su proceso de consolidación intervinieron otros factores, que no son los que nos interesan aquí.
Lo que mantuvo al hombre como parte de la ciudad, y afianzo su pertenencia a ella, fueron los lazos solidarios que desarrolló con otros hombres, cuyas afinidades, costumbres, y cultura eran iguales, lazos que implicaban los mismos derechos, y las mismas limitaciones impuestas por el conjunto, que contribuyeron a facilitar y elaborar una cultura social común.
Los hombres se afincaron en las ciudades, DECIDIENDO ser parte de la comunidad, aceptando libremente poner limites a su propia Libertad, para favorecer el desarrollo del conjunto estableciendo un laso solidario con el resto de los hombres de la comunidad. Pero le dio a la ciudad el carácter distintivo de la especie, el sentido de libertad, su capacidad de decidir, traspasado a la ciudad se transformó en autonomía, la capacidad de decidir del conjunto, de darse normas e instituciones propias, distintas de otras ciudades.

La ciudad de la conquista y la colonia

La historia de la colonización española no fue tan diferente a esta evolución, la Europa pos feudal, necesitaba un impulso diferente, las continuas guerras habían agotado los tesoros reales, particularmente España, enfrascada en la reconquista del antiguo territorio, invadido por los árabes, había concluido su lucha, y los proyectos de expansión de los reinos eran ahora algo más posible, la mejora en las artes de la navegación, y necesidad de retomar el comercio con los países de oriente, por otras rutas más seguras, lanzaban a los hombres nuevas aventuras.
Así el descubrimiento de América, que implicaba el descubrimiento de riquezas fabulosas, desarraigó de la vieja España, a grandes cantidades de hombre y mujeres, trayéndolos a estas tierras, tras la promesa de una vida de abundancia. El trasplantar la instituciones monárquicas tradicionales, para gobernar a estos hombres resultaba, no improbable, sino, imposible, el ánimo centralista de España tampoco lo permitiría, así la legislación de indias se dictaba por el legislador en un reino tan lejano, como desconocido era el legislado.
Los gobernadores, designados por contrato en la persona del conquistador, nobles aventureros caídos en desgracia, se dedicaron a la rapiña de las riquezas autóctonas, y los colonos que buscaban en América, de buena fe, un nuevo futuro; mejor que el que podía darles la Europa monárquica; quedaron de algún modo abandonados a su suerte, sobre todo en los limites mas lejanos, como era el rio de la plata.
La pobreza de recursos minerales, y la mayor lejanía de los centros más ricos de los virreinatos, debió desarrollarse casi en soledad, teniendo como referencia gubernamental más cercana al Cabildo, que se desarrolló en una suerte de sincretismo político, lo que le dio un carácter propio, diferente de la misma institución existente en los centros más ricos, como Lima, México, la misma Chuquisaca.
En el Rio de la Plata florecían al mismo tiempo Los cabildos, que por su características propias, tenían una autonomía mayor de la corona que otros, cuya comunicación con España resultaba mas fluida y productiva, en términos económicos; y las misiones, que por su organización, representaban para la burguesía colonial, una peligrosa forma de empoderamiento aborigen, que podía amenazar la economía y el poder de los blancos, que tenían también una forma de gobierno, que por estar atada a la Compañía de Jesús, era propia y autónoma, del poder real.
El cabildo es el germen del federalismo, porque los cabildos se desarrollaban en forma autónoma unos de otros, y el sentido de pertenencia de los hombres y mujeres, identificados en ese patriotismo primigenio, era parte del carácter municipal del virreinato.
No nos olvidemos, que la revolución por la independencia, fue originada en un Municipio, el Cabildo de Buenos Aires, y su primer Adhesión fue dada por otro, el de Luján, y como catarata el movimiento cosecho, a veces dificultosamente, las adhesiones de los cabildos del interior, sin cuya aprobación la independencia hubiese sido una entelequia difícil de alcanzar, lo importante de esto es que sin el carácter transitivo del sentido humano de la libertad, tal autonomía de decisión no hubiese existido nunca.
La importancia histórica del cabildo, en el sistema político, resulta indispensable para analizar el ¨problema municipal” (como lo llamó F. F. de Monjardín), porque si no resulta poco comprensible entender porque el Municipalismo es un eje central de la doctrina Radical, como también del más auténtico federalismo, y el mejor vehículo para el ejercicio real de la democracia.

El problema Municipal en la Provincia de Buenos Aires

La provincia de Buenos Aires, como dijimos más arriba, elimino en 1821 el sistema de cabildos, y resultó un hecho poco comprensible, según afirmo la academia nacional de la historia, dado que se dio en un período donde los cabildos coloniales se reconvertían en municipios, y que tampoco el poder federal posterior supo comprender cuál era su verdadera importancia, como tampoco lo vieron los constituyentes de 1853, que no consagraron el régimen municipal autónomo, hasta que se incorporó en la reforma de 1994.
A pesar de esto, en la provincia de Buenos Aires, los pueblos existentes en el período de la lucha contra los aborígenes gozaban de cierta autonomía política, obligada por las necesidades militares de la conquista, y la necesidad de los gobiernos provinciales de sostenerse en su poder, pero con instituciones ciertamente devaluadas, por las permanentes acciones fraudulentas de sus gobernantes.
La federalización de Buenos Aires, separó al radicalismo provincial del de su capital, allí Yrigoyen que cimentó su poder en los municipios de la provincia, pudo vislumbrar la importancia que tenía la autonomía del municipio, porque entendió con el permanente contacto con los hombres de la provincia, que el poder se adquiría solo y cuando las bases estaban dispuestas a cederlo, y que esto dependía no solo de su magnetismo, sino de la representatividad que cosechaban los hombres que dirigían los comités de los pueblos de la provincia, allí fue donde consolido su liderazgo, y elaboro sus planes revolucionarios, y comenzó la lucha que lo convertiría luego en Presidente de la Nación.
Este poder político Municipal debía ser aplastado por el régimen, y Fresco durante la década infame se encargó de hacerlo, la Ley Orgánica de Municipalidades es la prueba de ello, una ley que condiciona la vida municipal sin entender, ni diferenciar, las distintas características de las poblaciones de la provincia, solamente con el objeto de suprimir y reprimir el poder político propio del carácter autónomo natural de los municipios.
A pesar que en 1994, la autonomía municipal fue consagrada por la reforma constitucional, la Provincia de Buenos Aires no ha resuelto consagrar la plena autonomía municipal. Lo cual transforma el tema no solo en una cuestión ideológica, sino en un verdadero problema que no ha tenido solución a lo largo de los años, y que consecuentemente con la lógica del poder, se agrava continuamente.
En la provincia de Buenos Aires por su extensión, la relación entre el interior y el gobierno de la provincia siempre es difícil y tortuosa, lo inverso ocurre con el gobierno provincial y el nacional, cuya proximidad corrompe el normal funcionamiento de las instituciones políticas provinciales.
El poder político central nunca ha querido que el municipio en la Pcia. De buenos Aires fuera Autónomo, porque, porque la autonomía implica invertir el esquema del poder político provincial, dificultando la practica tradicional de imponer como gobernadores a delegados, más o menos pusilánimes, del gobierno nacional.
Buenos Aires no es un provincia que pueda gobernarse fácilmente sin el apoyo municipal, por eso es que se sostiene el actual sistema, puesto que permite mantener de rehenes a los municipios, a través de la dadiva, de planes y programas provinciales de dudosa ejecución, y que mantienen de rehenes a los intendentes, y por consecuencia a los pobladores, convirtiéndolos en meros clientes de la Política.

Porque es importante reeditar la discusión Municipal

La discusión municipal es importante porque implica, recuperar el poder para los pueblos, no en una suerte de anarquía política, pero si en un esquema donde la democracia se ejerza desde el pueblo hacia los estratos superiores, y no donde el poder centralizado de la provincia decida por sobre la voluntad de los habitantes de los pueblos, su evolución y su destino.
Hasta ahora, desde que F. F. de Monjardín en los años 50, puso sobre el tapete la discusión sobre el problema municipal, no se ha logrado una seria discusión del problema, y siempre a pesar de la evolución política y social, se girado en torno a la propuesta que el hiciera por aquellos años.
La propuesta de Monjardín, entendía que debían diferenciarse los municipios por sus características socio poblacionales, no eran lo mismo, los municipios rurales, eje de la producción de la provincia, que los municipios denominados grandes, de las mega ciudades, y que no podían estar sujetos a la misma legislación, sino que debía existir una autentica diferenciación entre estos, porque las características propias de cada uno implicaban formas diferentes de organización local.
Monjardín creía que esto debía plasmarse en una ley que contemplara, las posibles morfologías sociales, políticas y económicas, de los municipios, que permitieran una mayor autonomía, pero que no implicaran una concreta inversión del poder, aunque su proyecto contemplaba, otorgar al municipio herramientas de gestión y legislación más amplias y profundas, trasladándole incluso funciones de justicia.
A pesar de lo importante de su proyecto, este no prosperó, ni siquiera en el Gobierno de la UCRI, en el que fue Presidente de la HCDN.
La realidad es que entiendo, y es una apreciación personal, que este proyecto, si bien era tan brillante como su creador, era insuficiente, porque a pesar de mejorar la relación de autonomía, no la consagraba en su totalidad, y el peso del electorado de unos municipios, sobre el resto seguía manteniendo un valor decisivo para la política central.
La importancia de reeditar la discusión pasa por la cuestión central de la política que es el empoderamiento del pueblo, por sobre las dirigencias clientelistas, y los nepotismos construidos en los últimos años; Discusión que gire en torno a la necesidad que el municipio deje de ser un espacio de poder delegado para ser el poder delegante.

La discusión municipal que nos debemos

Los Radicales nos debemos las discusiones importantes, que nos permitan reformular la doctrina política, en materia municipal, debemos poner sobre la mesa, no solo el sistema municipal, sino la construcción de un federalismo que modifique realmente el sistema político provincial, invirtiendo las relaciones de poder existentes.
Personalmente imagine siempre a la provincia de Buenos Aires como una Federación de Municipios constituyentes del estado provincial, a partir de la voluntad de sus habitantes, lo que implica el reconocimiento de un régimen municipal autónomo del que nace la voluntad popular.
Esto implica reconocer que los actuales municipios sean reconocidos como el protoestado, que realmente es, que a través de la voluntad constituyente de sus miembros, construyan el estado común, con todos los riesgos que esto puede implicar.
El Municipio debe ser un verdadero estado municipal, cuya organización dependa de sus cartas orgánicas, y no de una ley restrictiva e incomprensible, sino como una organización estatal delegante de parte de su poder, dejando para el gobierno provincial solo el poder delegado.
El municipio pasaría a ser así el protagonista del poder, obviamente que una nueva constitución debiera establecer un mecanismo legislativo provincial que contemplara la representación municipal como eje del sistema legislativo, en estos términos la legislación provincial respetaría por sobre todo los intereses de los pueblos y no las necesidades políticas de los gobernantes y sus estructuras políticas.
El poder municipal debe estar contenido por la constitución estableciendo reglas específicas para su constitución, la división de poderes, los límites a las reelecciones, las condiciones generales para su constitución.

La mentira de la mayor autonomía

Algunos, con una visión diferente pueden decir que el municipio a través de programas delegados por el gobierno provincial ejerce una mayor autonomía, esto es una mentira flagrante. El municipio se encuentra hoy más limitado que nunca.
Los programas delegados son una restricción a la autonomía, toman de rehén al municipio, y lo entregan a la discreción del funcionario delegante, el sentido político partidario del intendente, pasa a ser un factor decisivo a la hora de otorgar la gracia de un mejor programa, hoy los municipios administran cantidades importantes de programas provinciales, que además por el intrincado sistema político provincial pueden ser administrados por el municipio, o por el caudillo político que le resulte interesante al gobernador.
Esto lo vemos a diario, en todos los municipios de la Provincia, lo mismo ocurre con los impuestos coparticipados, donde el coparticipado debiera ser el estado provincial, y no al revés.
El Famoso RAFAM (Reforma Administrativa y financiera de la Administración Municipal), obliga al municipio a sujetarse a un sistema contable elaborado por el poder centralizado, elaborado a su antojo, obligando al municipio a ceñirse a un reglamento de contabilidad, que muchas veces resulta, no solo una carga burocrática excesiva, sino también incomprensible, los municipios de menor tamaño encuentran muchísimos escollos para sujetarse a los reglamentos cuyo cumplimiento impone un tribunal de cuentas extraño a la naturaleza de los gobiernos locales.
Del mismo modo la Legislación municipal impuesta por el poder central, ha obligado a los municipios a crear estructuras imposibles de sostener, muchas veces creados por las necesidades electorales de los gobernadores.
Podría seguir así enumerando cuestiones, que evidencian lo perverso de las supuestas descentralizaciones, pero el caso aquí no es denunciar, sino poner sobre el tapete una necesidad política real y concreta. La de entregar al pueblo el poder real, y de crear un estado democrático auténtico, donde el hombre en su ciudad sea el verdadero protagonista, y el poder este construido desde una sólida base popular.

A modo de epílogo


Finalmente me queda por decir que es absolutamente necesario que esta discusión se de en el seno de la UCR, cuando se deba encarar la necesaria reconstrucción del partido, después del fracaso de las conducciones actuales, y que de esta participen todos los hombres y mujeres de buena fe que queden en el radicalismo, dispuestos a recoger el guante de la herencia abandonada; solo basta quien lo recoja.-