Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2015

Breve historia sobre la violencia (3ra. parte): "Están golpeando a mi puerta, pero es demasiado tarde"


La violencia de parte, no reconoce ámbitos ni objetivos, a veces pareciera que tiene que ver con el pasado animal del mono evolucionado que somos, que escondemos en algún gen, así como el color del ojos, el pelo, el tono de la piel, la talla, etc.; decía, un gen asociado con el acto violento, y que en determinadas situaciones sube a flor de piel y estalla, haciendo de nosotros el animal irracional que alguna vez fuimos.

Gracias a la evolución, algunos hombres (cuando digo hombres no me refiero al macho de la raza, sino a todos los seres humanos), no desarrollan el gen de la violencia…, creo que es la mayoría, y su desarrollo intelectual permite que existan limites, países, constituciones, leyes, magistrados…, que se ocupan de poner algunas cosas en su lugar, por acuerdo de una mayoría que elige la paz como forma de vida, pero en ese mismo ámbito donde una mayoría puede elegir la paz, hay algunos individuos, que lejos de poder vivir en comunidad deciden que sus instintos más violentos guíen su vida, y sus actos.

Pero hay una diferencia sustancial en el mundo animal, la violencia humana solo puede ser el producto de una emoción violenta durante unos pocos segundos, el resto implica un acto intelectual, no inteligente (por lo menos en el sentido popular de la palabra), es decir: se necesita hacer una valoración de la situación, y tomar la decisión de cometer un acto violento.

Cuando la violencia es un acto en grupo, esa elaboración intelectual, es además un acto terriblemente perverso, porque implica la existencia de un líder que decide realizar un acto violento, que convence a otros que valoran su interés como legítimo y valido, por lo tanto bueno, y deciden acompañarlo, o en el peor de los casos uniformemente detrás de él deciden acometer furiosamente, mientras el líder observa, como un general, la violencia desencadenada de su tropa.

Al tomar la decisión de cometer un acto violento, el hombre se convierte en un animal salvaje, que no puede adaptarse a la necesidad de actuar solidariamente, como implica desarrollar la vida dentro de una sociedad; cuando además, el ejercicio de esa violencia es un motivo de orgullo y decide vanagloriarse del hecho ante sus iguales, o peor, ante quienes considera inferiores, el violento se convierte en un inadaptado, que solo necesita una excusa que le permita iniciar el proceso mental que desatará la violencia, que no es más que el verdadero método de expresión que intelectualmente ha elegido.

La violencia del inadaptado no reconoce clases sociales, ni formación educativa, el violento no necesariamente se come las eses, sino que es un ente que en su desarrollo mental no adquirió la capacidad de distinguir entre lo moralmente bueno y lo moralmente malo, por lo tanto tampoco se le puede pedir una conducta que siga cánones éticos, y eso lo pone en un plano distinto de los otros entes humanos, la mayoría, que si lo pueden distinguir.

El individuo violento en realidad no es inmoral, porque ser inmoral implica que se reconoce lo bueno de lo malo, y se toma la decisión de hacer lo malo, lo que no necesariamente implica un acto de violencia; en cambio, el violento es amoral porque, en realidad el amoral, no sabe que la moral existe por lo tanto no puede reconocer entre el bien y el mal, lo cual lo convierte en un individuo peligroso para compartir la vida de la comunidad.

Lo peor de esto es que el violento amoral, se convierte en un instrumento en manos de los inmorales, y aquí es adonde uno quiere llegar, porque los últimos 50 años de la historia argentina han estado plagado de inmorales que han utilizado a los violentos en beneficio de sus intereses, o han vendido sus servicios a otros inmorales con más poder, que necesitan sustentarlo utilizando el beneficio del miedo, para proteger su “territorio”.

Este es el caso tan reconocible de las barras bravas, grupos de personas que deciden canalizar sus instintos violentos en los espectáculos deportivos, que suelen estar a disposición de los intereses de los dirigentes de turno, que además suelen recibir favores adicionales; el presidente de un club de futbol fue diputado nacional, en ese periodo un conocido barra brava, en proceso por asesinato, trabajaba en el ámbito del congreso, este dirigente político negó conocerlo, y saber quién era; lo más interesante es que el ex diputado también tiene aspiraciones presidenciales. También otro dirigente hace poco utilizó una barra brava para asegurarse el resultado de una convención política.

Esto, obviamente, no es una novedad para nadie, pero lo que sí es interesante es ver cómo es que la sociedad disocia los hechos de la personas, todos sabemos que las barras bravas tienen conexión con los dirigentes y con la política; pero no podemos asociar al político con los hechos, lo cual los pone en un espacio de impunidad, legitimado por una sociedad que no solo no los condena, sino, que además, los vota.

La problemática de las barras bravas, en nuestro país, es amplia y complicada, porque el problema de fondo está dentro de nuestra legislación, que ha sido elaborada por las mismas personas que utilizan los servicios de estas organizaciones, y la justicia que se ajusta a las necesidades del poder, en lugar de utilizar la fuerza de la jurisprudencia a la hora de interpretar y condenar los hechos violentos.

Pero además de esta violencia de grupos, está la otra violencia, la de individuos, que con la misma estructura intelectual que los otros, deciden ejercer la violencia contra la sociedad.

Me refiero a aquellos que dirigen sus actos en forma individual, contra los otros miembros de la sociedad con los que deben convivir, aquellos que consideran la violencia como el único método válido para la resolución de conflictos.

Este tipo de violentos son quizá los elementos más nocivos de la tabla periódica de la violencia, porque además de su amoralidad, tienen la habilidad del psicópata de envolver a las víctimas para esconder sus verdaderas intenciones, y que además suelen tener la protección y, cuando no, la complicidad del poder y la justicia.

Lamentablemente los cánones sociales de nuestro país, siempre justificaron a estos violentos, a los que matan en un robo, a los conductores homicidas, a los que asesinan, secuestran a los que abusan de menores, a los criminales de género.

Son estos últimos, los violadores, los asesinos, y los criminales de género, aquellos que creen que su forma de ejercer la violencia está justificada por la reacción del otro y, que de algún modo, gozan de la protección de la sociedad, basada en prejuicios de años que arrastramos en nuestra educación.

Cada vez que una violación es perpetrada hay algún sector de la sociedad que puede decir algo, si es contra un menor, una parte de la sociedad se pregunta ¿dónde estaban los padres?, o si la mujer estaba vestida provocativamente, o si a lo mejor era una libertina, que se lo busco, si se trata de un caso de violencia de género, la sociedad pregunta, ¿qué le hizo?, ¿porque lo provocó?, ¿Por qué en lugar de denunciar no protege la institución familiar?, terminando invariablemente sentenciando, con la frase más famosa de la Argentina, “Por algo habrá sido”.

La justicia termina siendo funcional a este tipo de conductas sociales, porque también está contaminada por el mismo tipo de prejuicios y preconceptos que el resto de la sociedad, aunque también la legislación termina por proteger a este tipo de violentos, por los mismos prejuicios culturales.

Pero los que creemos que ningún tipo de violencia es válida somos más, ¿entonces, como es que no podemos imponer nuestra visión común?, ¿Cómo es que no podemos conseguir que la ley y las instituciones nos protejan?.

El problema está en nosotros mismos, en ejercer la responsabilidad que nos compete como sociedad, en no ejercer el protagonismo que la democracia nos otorga, en creer que haciendo como el avestruz las cosas no pasan, en permitir siempre, por el solo hecho de creer que todo está resuelto en otros niveles, y que no tenemos peso en la decisión.

A pesar los 30 años de democracia más o menos estable, seguimos sin comprender que somos nosotros los que ponemos a nuestros gobernantes, que se deben a nosotros, el pueblo, y tenemos el poder de cambiarlo todo, porque es del pueblo el poder hacerlo así.

No habría violencia posible de ningún tipo si la sociedad no se desentendiera de esta problemática, si no sumiera la responsabilidad de impedirla, porque si no es así, se harán miles de marchas, y las cosas seguirán iguales, y habrá una mujer muerta cada 30 horas, y nuestros hermanos originarios seguirán siendo asesinados, y nuestros abuelos seguirán siendo estafados, y los niños seguirán siendo abusados, y los barras bravas seguirán exhibiendo su impunidad y la violencia no cesara nunca.

Por eso es importante recordar el final de aquel viejo escrito, que se le atribuye a Bertold Brech “…Ahora están golpeando mi puerta, vienen a llevarme a mí, pero ya es demasiado tarde.”.-

Carlos Gowland.

martes, 26 de mayo de 2015

Breve historia de la violencia Argentina (2da parte)


Pequeña noticia sobre el concepto de violencia

Antes de continuar con esta aburrida relación de cosas ocurridas a lo largo de la Historia, quiero aclarar que es lo que entiendo como violencia.

Violencia es quitarle a alguien el derecho a la felicidad, ya sea por el insulto, la discriminación, el abandono, o la violencia física, privarlo de sus derechos, ignorar sus reclamos, por eso que

No poder acceder a la salud es un hecho violento...

La desnutrición infantil es un hecho violento...

No poder acceder a la educación es un hecho violento...

La falta de bienestar de un jubilado es un hecho violento...

Los crímenes que no se resuelven son hechos violentos...

Un policía corrupto es un hecho violento...

Un funcionario corrupto es una situación violenta...

El juez corrupto es violento...

La militancia intolerante es violenta...

Porque violencia es todo aquello que nos conmociona, que nos priva del espacio de felicidad al que tenemos derecho, que daña a algún congénere de cualquier forma, y que injustamente lo priva de su posibilidad de realizarse y crecer como ser humano.

LA VIOLENCIA RELIGIOSA

En la nota anterior, no hice referencia, de exprofeso a esa violencia cuyo principal objeto es el religioso, porque a lo largo de nuestra historia, linealmente aparece continuadamente, a veces como un aditamento de los otros odios, con el propósito de profundizarlos aún más.

El odio religioso fue fomentado en la Europa medioeval, y trasladado a América junto con los conquistadores, fue el medio por el que, tanto la iglesia como el estado monárquico, resolvieron sus cuentas, la riqueza incautado a Judíos, Musulmanes, adoradores del demonio, perseguidos por la inquisición, apoyada en el peor oscurantismo sirvió para saldar las cuentas a pagar con los banqueros.

La violencia inquisidora empujo al exilio a miles de Judíos, que al no tener paria ni refugio, se convirtieron forzadamente al cristianismo, muchos practicando en secreto su religión, el largo brazo de la inquisición los persiguió hasta América, donde sufrieron las mismas persecuciones y tragedias, muchas veces por las delaciones alentadas por el poder conquistador, muchas veces para cancelar una deuda era preciso denunciar al acreedor de judío encubierto, o para quedarse con sus bienes, la Inquisición hacia el resto, veces por una módica donación como reconocimiento.

Pero no fueron los Judíos el único objetivo de esta violencia, durante los albores de la edad moderna, y siendo Carlos V emperador, los excesos de la iglesia, provocaron la reacción de un grupo de religiosos alemanes, muchos de origen jesuita, liderados por Lutero, enarbolo sus 95 tesis, como una bandera contra los excesos de Obispos y otros protegidos del Papa.

Había nacido la reforma, y con ella la iglesia "Protestante", también la respuesta intolerante del poder eclesiástico que aliado a las monarquías reinantes, en lugar de asumir que las críticas realizadas por Lutero debían ser analizadas y respondidas, eligió reprimirlas lo más violentamente posible.

La iglesia de la reforma, se consolida, pero en el resto de Europa, la condición de protestante se difundía, y se reprimía, sobre todo en la España colonialista; así que, muchos fieles de la nueva religión emigraron a la América recién descubierta buscando la posibilidad de poder practicar se fe en paz, pero no fue así precisamente, muchos fueron obligados a convertirse al catolicismo, asumiendo con la condición de "Marrano", una forma de discriminación que contenía en si la sospecha de la sociedad de bien, sobre la dignidad del converso.

La sociedad colonial, más preocupada en Buenos Aires por el contrabando que por estas cuestiones, al principio hacia poco caso de las órdenes de la inquisición; hundida en el barro Buenos Aires estaba sola, lejos de la opulencia peruana, y mucho más lejos de la mexicana.

Aquí la discriminación religiosa comenzó mucho después, cuando la voracidad de los comerciantes porteños, necesito quitarse competidores de encima, entonces la sospecha sobre los extranjeros llegados a estas tierras se hizo sentir, hasta la época de la emancipación; de todos modos el poder colonial tenia ordenes especificas del monarca, de vigilar a los judíos, y a los protestantes, y no permitirles la práctica religiosa, que una convertidos al catolicismo se hacía en privado.

La llegada de la independencia, planteó un nuevo desafío, el de la tolerancia religiosa, en oposición a la intolerancia colonial, y las discriminaciones por cuestiones religiosas, la necesidad de empréstitos por suscripción, ofrecidos a los comerciantes más importantes muchos de origen extranjero, sobre todo británico, obligo a la tolerancia, aunque no eliminó de la conciencia popular la sospecha sobre aquellos que profesaban la fe de una forma distinta.

Las ceremonias religiosas de los esclavos, eran vistas como bacanales desenfrenadas e inmorales que se hacían de noche y a escondidas; a los esclavos se les catequizaba en el culto católico, lo que dio origen a un sincretismo religioso donde se mezclaban las viejas costumbres africanas con la religión adoptada, expresando una desmesurada fe, que tuvo su mayor expansión en el territorio Brasilero.

En el período Rosista fueron tolerados porque en el candomblé se sumaba la exaltación a Rosas y su Mujer, casi como parte del santoral.


Cuando al fin del siglo XIX, el exterminio de los aborígenes de la pampa, hizo posible el reparto indiscriminado de la nueva tierra conquistada, y se impulsó la inmigración, llegaron al país hombres de todos los orígenes, Protestantes, Judíos, Mahometanos, Ortodoxos, Ultra católicos, se produjo un choque cultural que puso bajo sospecha a los profesantes de los credos no católicos; principalmente a los Judíos, a quienes además se les sospechaba se anarquistas, socialistas, participes de una conspiración internacional para quedarse con la Argentina.

Los Evangelistas, si bien no fueron tantos en número, eran vistos con desconfianza, porque su forma de practicar la fe cristiana, era sustancialmente distinta de la formalidad católica, y su idea de la vida comunitaria, posiblemente por su escaso número, implicaba mucho compromiso entre la iglesia y sus fieles, sobre todo en lo que hacía a la ayuda entre la comunidad de una congregación.

De todos modos también fueron puestos bajo sospecha, porque la influencia de la Iglesia Católica sobre la sociedad más tradicional, conservadora en cuestiones de Fe, provocó que todo aquello que fuese distinto en materia religiosa debía ser puesto bajo sospecha, además en nuestra constitución estaba permitido el ingreso a la función pública solamente a aquellos que, además de ser ciudadanos, profesaban la Religión Católica.

Los Evangelistas no reconocían al papa, no veneraban las imágenes de los santos, no acompañaban la procesiones, no comulgaban, no se confirmaban, no practicaban la misa, eran diferentes, por lo tanto se los segregaba, más elegantemente que a los judíos, pero era así.

Como corolario, en alguna época de exacerbado nacionalismo se consideró que las religiones evangélicas, eran funcionales a los imperialismos estadounidense o inglés, exceptuando de esto a la Iglesia Luterana que por su origen alemán era vista con mayor simpatía.

El Islamismo, no fue tan cuestionado, porque en realidad los practicantes de la religión eran mucho menores en cantidad que el resto, gran parte de la inmigración de oriente provino del Líbano y Siria, eran mayoritariamente Católicos Ortodoxos, primos hermanos de los católicos romanos.


En los años de la revolución comunista, ser Judío implicaba ser sospechoso de anarquista, o comunista, miembro de un movimiento disolvente que aspiraba a corromper las bases más firmes de la sociedad argentina, para establecer un estado socialista y totalitario.

En el periodo de crecimiento del nacionalismo, increíble, y contradictoriamente, los mismos que los acusaban de comunistas decían que los judíos eran un poder económico que, por efecto de su capital, buscaba apoderarse de las riquezas y hacerse del poder político y económico, acumulando para si las riquezas del pueblo, sumando a esto la intención de apoderarse de la Argentina para fundar un estado Judío, por ahí circulan todavía los apócrifos "Protocolos de los sabios de Sion", en los que se apoyaban tales mentiras.

Durante los periodos totalitarios en la argentina, se incentivó el odio religioso, sobre todo en el periodo de la preguerra mundial y durante el auge del Nazismo alemán y el Fascismo Italiano.

Durante el Gobierno de Perón también se alentó la intolerancia religiosa, la Alianza Libertadora Nacionalista, dirigida por Queraltó primero y por Kelly luego, bajo la protección de Perón, fomentó el odio hacia la población Judía, por los mismo motivos de siempre, es más fácil encontrar un culpable de nuestros males, que dedicarnos a solucionarlos.

La caída de Perón y la desgracia del nacionalismo, no soluciono el problema, la sospecha sobre los que tenían una fe distinta, quedó enquistada en la sociedad, la conducta de los gobiernos militares no ayudo en nada, puesto que eran más intolerantes que aquello que decían combatir.

La sociedad argentina, aún hoy sigue propensa a la discriminación religiosa, ser evangelista, Mormón, Menonita, Judío o Mahometano, implica ser visto como diferente, por lo menos alienta la mirada curiosa sobre el hombre que practica la fe, y esa mirada "curiosa", casi siempre está acompañada del comentario descalificador, que no es más que una forma sutil de violencia.


Durante la dictadura militar ser judío era ser objeto de las peores torturas, el ensañamiento con el que se torturaba a los Judíos, era mucho mayor que con el resto de los detenidos, a veces solo se los torturaba por el hecho de ser Judíos, el caso Capitman es una muestra de ello.

La sospecha social sobre los judíos sigue latente, como antes y siempre oímos en grandes sectores de la sociedad, comentarios xenófobos y conceptualmente violentos. ¿Quién no ha escuchado cosas cómo?: "Hitler se equivocó, debió haber matado a doce millones de judíos", "judío de M....", "Los judíos son todos Ca....s", "Los Judíos se quejan, pero ellos se auto discriminan", etc., etc., etc....

A pesar de esto en nuestro país la tolerancia interreligiosa fue mucho mayor que en otros países del mundo, aquí, Evangélicos, Anglicanos, Judíos, Mahometanos, Budistas, tuvieron la posibilidad de acceder a la Educación, el trabajo y el progreso, muchos se desarrollaron como científicos, escritores, empresarios, políticos, artistas, etc.... De todos modos esto no disculpa la forma violenta en la que la sociedad se ha comportado y se comporta aún con aquellos que no profesan la Religión Católica.

Cuando comencé esta nota explique que consideraba como violencia, y me parece importante, en esta serie de artículos que decidí escribir sobre el tema, sin ser un erudito, que podamos analizar este problema que nuestra sociedad parece no comprender hasta donde puede corroer las bases de la nación, porque al poner al otro bajo sospecha, mantenemos una situación de violencia latente, que a veces solo necesita un justificativo para desatarse.
Hacer un raconto de la violencia en la sociedad argentina es absolutamente necesario, sobre todo porque la violencia social es el producto de los prejuicios que arrastramos como país a lo largo de la historia, que solo buscan encontrar un culpable de nuestras frustraciones comunes, sin ponerse a reflexionar sobre los errores colectivos que hemos cometido.

lunes, 18 de mayo de 2015

Breve historia de la violencia argentina: ¿No es hora de terminarla?


La violencia política en la argentina tiene una muy larga historia, que es necesario recordar permanentemente, para poder reflexionar si no va siendo hora de no caer en las trampas que nos proponen, oficialismo y oposición y que no solo nos enfrentan permanentemente, sino que no nos permite comenzar a construir una sociedad como soñamos, una patria feliz.

Hace un tiempo que por el efecto de alguna cuestiones políticas, el asombro y la estupefacción se apoderaron de mí, y no he podido elaborar un argumento digno de ser leído, o escuchado, pero en los últimos días, se han sucedido una serie de hechos que no tienen una calificación posible, para el ciudadano común, excepto que uno esté dispuesto en caer en las peores groserías.

Desde el inicio de la América colonial, que la intolerancia y el enfrentamiento ficticio sirvieron como excusa suficiente, para que la violencia se ejerciera sin discreción alguna, justificada por la rebeldía de unos sobre el poder de otros; así que para hacerse del oro de América, Colón se ocupó de comenzar con el exterminio de los aborígenes del Caribe, por no cumplir con sus exigencias auríferas, entonces se utilizó el recurso de la religión para esclavizarlas, hasta que la sumisión fue tan pesada que la rebelión necesaria, justificó la represión  más brutal.

De los más de 300000 aborígenes del caribe en pocos años solo quedaban unos escasos 12000, los habitantes del continente luego de la invasión de las hordas supuestamente civilizadoras, habían sido reducidos en 24.000.000, según el número de Fray Bartolomé de las Casas, número que  hacia 1890 sería escalofriantemente mayor.

La Iglesia apartada de su función evangelizadora sirvió, en muchas ocasiones, la excusa servida en bandeja, para iniciar la matanza era necesario la negación a convertirse, y así provocar el exterminio y la esclavitud.

Esa fue quizá la primer forma de violencia social que vivió la América hispano portuguesa, pueblos exterminados por la ambición y la voracidad de los poderosos, con la complicidad y la omisión de quienes debían por su juramento defender a los débiles.

A esto siguió la brutal esclavitud de las minas, bajo la terrible forma de la encomienda, los “civilizadores” Siguieron hasta el sur, y el continente se volvió en un sitio de caza de hombres, hasta que las rebeliones estallaron nuevamente, y como siempre finalizaron aplastadas por la espada del conquistador, Túpac Amaru muerto y diseminado por todos los extremos del Imperio Inca, Túpac Catari mas tarde, todos muertos y exterminados para justificar la dominación por el acero.

Más tarde la violencia tomo otras formas y otros destinatarios, la necesidad de sostener el sistema colonial, cambio el objetivo; los nuevos enemigos del poder serían los extranjeros cuyas ideas contaminaban de libertad a los criollos, que terminaron siendo el objeto de la violencia colonial, la necesidad de sostener el poder justificaba la crueldad del castigo, y la guerra, por el otro lado la libertad y la independencia justificaban más o menos lo mismo.

La independencia finalmente sucedió, y el odio criollo contra la madre hispana, volvió a mudar hacia otras regiones,  fue entonces que los intereses del puerto, primaron por sobre los intereses del interior, y de nuevo la violencia brotó de entre la tierra, los intereses económicos de la capital, el centralismo porteño, alentado por quienes creían que el interior estaba poblado por una clase imposible de ser gobernada, genero la rebelión; y nuevamente la sociedad se vio enfrentada en una espiral de violencia que parecía no tener fin, Orientales contra Directoriales, provincianos contra porteños, moría Belgrano en medio del caos y la indiferencia, y un nuevo fenómeno violento aprecia en el horizonte nacional.

Unitarios Y Federales, fue la consumación de la violencia política de nuestro país en el siglo 19, la intolerancia total, el fanatismo, el culto a la personalidad, la religión contra el sacrilegio, el centralismo contra el federalismo, todos exacerbaron las pasiones al punto de lo irracional.

De nuevo la Guerra…, de nuevo la muerte…, pero esta vez la rebelión de los débiles contra los poderosos, fue excusa para defender privilegios de clase de ambos bandos, y el pueblo, como siempre fue utilizado como un vehículo ejecutor, y receptor, de los males de la violencia, pero para nada destinatario de los beneficios de los triunfadores.

La lucha entre Unitarios y Federales finalizo y nos dio la constitución…, de nuevo la intolerancia política, se enseñoreo, Buenos Aires se separa, el sostenimiento de los privilegios, justificaba la disolución de una Nación que, después de cuarenta años, no comenzaba a ser.

Entonces el enfrentamiento entre Buenos Aires y el Interior, reinició la violencia, Buenos Aires derrotada se integra, luego…, Buenos Aires, triunfante, toma el poder, y se abalanza sobre el interior, las campañas de Mitre silenciaron las voces de los pueblos, utilizando los mismos métodos condenados por Sarmiento…, también son ejecutados por Sarmiento; el asesinato, el destierro, el degüello, el fusilamiento a mansalva, los métodos de la barbarie…, condenados por la civilización, se volvían instrumentos “legítimos” en manos de los civilizadores.

La integración del País se hacía bajo el filo de las bayonetas, mientras que en la civilizada Buenos Aires Crudos y Cocidos se enfrentaban a tiros de Remington, y cuchillo sobaquero.

Terminada la supuesta pacificación la intolerancia fijo un nuevo objetivo, el Paraguay se hacia esta vez, con la culpa de todos los males…, destruirlo se convirtió en un objetivo, que no solo no sirvió para nada, sino que además acentuó la dominación del Brasil sobre el territorio sudamericano. Y resultamos Triunfantes de una guerra, no solo injusta, sino insensata, que nos avergonzara por el resto de la historia, y sin tener a quien culpar de nuestros fracasos…, por el momento.

Cuando el país podía volver a la normalidad era necesario culpar de nuestros desatinos a alguien más; entonces la venganza del interior sobre Buenos Aires proponía quitarle a la Provincia su joya más preciada, la reina del plata seria la capital de la Nación, la revolución no se hizo esperar, 1880 traía de nuevo la intolerancia y la violencia, y los derrotados entregaron Buenos Aires al resto del país, quizá creyendo que Buenos Aires sin Buenos Aires, ya no podría ser un Estorbo, pero crearon un Monstruo que en su grandeza fagocitó los recursos del interior, esquilmando a los pueblos para aumentar el brillo de su esplendor.

En 1880, la violencia cambia de rumbo nuevamente, había que agrandar el país, entonces los culpables de todos los males fueron…, nuevamente…, los pueblos aborígenes; el plan del liberalismo de la época exigía conquistar el territorio, poblarlo y producir, entonces fue que para terminar con todos los males, la falta de progreso…, de desarrollo económico…, de la tan ansiada prosperidad, se inició a campaña del desierto, miles de aborígenes asesinados, sometidos, trasladados de sus asentamientos a otros centros, sus familias repartidas…, como esclavos entre los nuevos conquistadores (para ser educados cristianamente), fueron el efecto inmediato. Así Inacayal,  exhibido con su familia como una curiosidad de museo, y puso término a sus días arrojándose desde el techo del museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Los años pasaron, ya no había indios a quienes culpar, y la violencia se transitó nuevamente el camino de la política, el fraude sistemático, y la violencia contra los opositores (se fusilaba a los ciudadanos en los atrios de las parroquias para posibilitar el fraude, y el triunfo oficialista), detrás de eso la sombra de Roca aparecía… siempre; la rebelión surgió nuevamente, el levantamiento del 90 fue la respuesta a la violencia, y la corrupción ejercida desde el poder.

Dese allí hasta 1912 se repitieron los levantamientos de ciudadanos  hartos de la prepotencia…, 1910 llego en un clima de violencia contenida, los sindicatos anarquistas no perdonaban la intolerancia para con los obreros, y los atentados se hacían sentir, así muere Falcón, pero también muere su asesino torturado bárbaramente…, 1916, y llegará la afirmación democrática de la mano de Yrigoyen pero la violencia entre Radicales y el Régimen, trasmuta hacia otro camino; internacionalistas y nacionalistas se enfrentan,  el ambiente se tiñe de sangre otra vez, la liga patriótica contra los sindicatos, en el sur la matanza de obreros alentada por la sospecha de una posible complicidad chilena, justifica los asesinatos de Varela, y cesa cuando los patrones temían quedarse sin obreros que hicieran el trabajo.

La guerra iniciada en 1914 enfrenta a Germanófilos y los Aliadófilos, todos, defensores de intereses tan ajenos… como lejana estaba Europa, la resistencia a entrar en la guerra, no sirvió para calmar los ánimos, al contrario los caldeó aún más sumando a la oposición a los nacionalistas partidarios del régimen conservador caído en desgracia.

Aparece el fascismo en el horizonte, Lugones proclama la Hora de la Espada, los viejos partidarios del régimen abogan por la solución patriótica, ¡hay que terminar con los comunistas!..., ¡hay que terminar con la democracia!.., ¡hay que instaurar un régimen como el de Mussolini!.., y el enfrenamiento encuentra en su camino a un decrépito Uriburu…, necesitado de clarines de gloria…, y se convierte en el instrumento del régimen, cae Yrigoyen, y otra etapa en la historia de la violencia se inicia, la ruptura de la constitución, y su justificación jurídica.

La tortura, introducida por el tristemente célebre comisario Lugones (que terminara sus días años más tarde, del mismo modo que su padre, el juglar del fascismo vernáculo), busca sujetos culpables, hay que terminar con la subversión anarquista, y con cualquier vestigio de radicalismo, es necesario, establecer un régimen Nazi, aparece la Legión Cívica, brazo civil armado del régimen, la primer triple A, de la historia argentina, o la segunda si consideramos a la mazorca, o la tercera si ponemos primero a Estomba, Rauch y los matones de Lavalle.

Así, sin solución de continuidad, la violencia política se expande, y recrudece cíclicamente, cada vez más rápido; llegará el golpe del 43, Perón, la persecución política y la prisión de los opositores, la Alianza Libertadora Nacionalista con Queraltó…, la revolución Libertadora, y los fusilamientos de José León Suarez…, la vuelta a la democracia, Frondizi,  el Plan Conintes, Azules y Colorados, La caída de Frondizi.., El régimen de nuevo, y de nuevo la Democracia…, Illia al Gobierno (hace el intento pero no es posible)…, Ongania y sus azules, los nuevos árbitros del Poder, empiezan los levantamientos guerrilleros, inspirados en la revolución cubana (El che morirá en Bolivia)…, aparece Tacuara (los nacionalistas armados), algunos jóvenes de la Acción Católica formarán la agrupación Montoneros (al principio protegidos por Perón y luego Traicionados por este), el ERP, las FAR, las FAP, las Brigadas peronistas, la triple AAA, La tendencia, la Izquierda y la Derecha…, el clima de violencia política parece tornarse insostenible…, entonces se apela de nuevo a la vieja solución, el nuevo golpe, la dictadura, y la violencia más terrible que es la del estado, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato, la corrupción del poder, terminan en la peor de las salidas…; la guerra de Malvinas, arruinando la vida de toda una generación, quizás el poder ejercido por los vahos de mala bebida, girando en la cabeza de los mandos militares.

Forzadamente vuelve la democracia como sistema, la violencia quedara silenciada, pero no quieta, los juicios a los genocidas desnudan la verdad, los altos mandos militares son responsables, pero también lo es la dirigencia guerrillera, la CONADEP y el juicio destapan la verdad, los argentinos que fuimos espectadores de ese proceso, nos sentimos, en ese momento, cómplices de todo ese tiempo histórico…, por participación, por ignorancia, por omisión, por cobardía…, caímos en la cuenta que habíamos sido cómplices de un proceso que había diezmado, casi, a una generación de jóvenes.

La violencia reaparece siempre pero esta vez, como si algo hubiésemos aprendido toma la forma de la intolerancia, de la corrupción y de la traición, Los años noventa generaron un nuevo régimen, como aquel de los 30, pero más corrupto y desenfadado…; el poder viola todas las leyes provocando adrede el peor de los actos violentos que se pueden ejercer contra la sociedad: la exclusión, sometiendo a la pobreza a más de la mitad de la población, detrás de una supuesta prosperidad que solo llenaba la copa insaciable de los más ricos.

Esa violencia sorda, ejercida implacablemente se contiene, a base de polenta y arroz, justificándola con la promesa de un bienestar futuro que nunca llegaría, la violencia muda, cierra escuelas, expulsa científicos, hace desaparecer el trabajo, los lazos solidarios se cortan, si un compañero se queda sin trabajo el sindicato enmudece, el individualismo la gana la pulseada a la sociedad.

¡Sálvese quien pueda!, ¡Solo!, ¡No importa!..., y nadie se salva solo…; pero el poder económico enriquecido durante el proceso le rinde honores al poder político, la estabilidad basada en la miseria de muchos y la riqueza de pocos, ha conseguido la reafirmación del mismo régimen de hace 100 años…, otra generación con los mismos nombres.

¡No importan los pobres!, ¡no importan los marginados!, ¡no importa que los desposeídos de la patria sean mayoría!..., lo único que importa es alguien que, Darwinianamente visto, es más fuerte que otro y por esa fuerza hace prevalecer su poder, violentamente, aunque no  se vea sangre.

Finaliza el milenio, y finaliza la paciencia; un nuevo gobierno cae por la intolerancia, alentada desde una oposición que necesita hacerse nuevamente del poder…, se corrigen algunas cosas, otras seguirán igual, nuevamente la violencia ejercida desde el poder ocasiona nuevos muertos…, la necesidad de ser incluidos levanta la protesta, porque todavía queda tiempo (pero no mucho), para que la generación desplazada en los noventa vuelva a ocupar un lugar.

Esto no ocurre, no se incluye a quienes quedaron fuera, serán clientes del subsidio y la limosna del estado, que se dice benefactor, pero que en realidad decide sostener a dos generaciones porque así consigue clientes, fieles a la hora de votar, la inclusión no será ni tanta ni tan buena, el desastre provocado en la educación no se soluciona, la igualdad republicana no se consigue, y tampoco se soluciona la situación de conflicto social latente.

Desde el poder se actúa con lógica de amigo o enemigo, se está con el proyecto, o  se está en contra…, los que están a favor Patriotas…, los que están en contra Traidores…; un nuevo culto a la personalidad surge en la política local, necesario para  lograr el poder hegemónico…; la corrupción salpica de nuevo la política y manchando la democracia popular, deviniéndola en…, otra cosa..; y no hace más que regar el pasto de los “Republicanos”, que no son…, otra cosa que los viejos cómplices del régimen, mas aggiornados, algunos más jóvenes, pero con los mismos nombres, que engalanaron el latrocinio de los 90.

La bonanza económica de los comodities trajo una supuesta estabilidad; la voracidad capitalista acentuó un proceso que nunca se terminó en la Argentina; con medios más sofisticados, recomienza la persecución al aborigen, desplazándolo de sus tierras, quitándole su forma de vida, arrojándolos a la miseria y a la muerte, un nuevo genocidio comienza: ¡Cultivar Mas y mejor! aunque implique arrojar al aborigen de su tierra, la única que queda sin utilizar por la nueva opulencia agropecuaria.

Pero lo peor es que la insensibilidad contagió a todos los estratos sociales, la violencia contra la se ejerce desde todos los ámbitos, el político, el económico, el empresarial; desde la justicia corrompida, desde los legisladores comprometidos en una suerte de oligarquía que deja surgir nada nuevo, desde el poder ejecutivo…; todos contribuyen a provocar la violencia y la intolerancia que vivimos, nos enfrentamos dentro de las familias, con los vecinos, entre los barrios, entre los pueblos; pero somos incapaces de identificar de donde nos viene todo eso…, que nos duele tanto; así no podemos dejar de ser clientes y esclavos del poder, no podemos decir basta, …Y la violencia continuara…, recrudecerá por momentos…, será reprimida en alguna ocasiones…, pero lo que sí es seguro, es que no habremos logrado consolidarnos como una nación digna de nuestros hijos.

Posiblemente sea la hora de reaccionar, romper con estas cadenas de esclavitud, como nos enseñó Illia, como nos enseñó Ghandi, como nos enseñó Luther King…, Juntos, como hermanos, con firmeza…, y en Paz.