sábado, 30 de mayo de 2015

Breve historia sobre la violencia (3ra. parte): "Están golpeando a mi puerta, pero es demasiado tarde"


La violencia de parte, no reconoce ámbitos ni objetivos, a veces pareciera que tiene que ver con el pasado animal del mono evolucionado que somos, que escondemos en algún gen, así como el color del ojos, el pelo, el tono de la piel, la talla, etc.; decía, un gen asociado con el acto violento, y que en determinadas situaciones sube a flor de piel y estalla, haciendo de nosotros el animal irracional que alguna vez fuimos.

Gracias a la evolución, algunos hombres (cuando digo hombres no me refiero al macho de la raza, sino a todos los seres humanos), no desarrollan el gen de la violencia…, creo que es la mayoría, y su desarrollo intelectual permite que existan limites, países, constituciones, leyes, magistrados…, que se ocupan de poner algunas cosas en su lugar, por acuerdo de una mayoría que elige la paz como forma de vida, pero en ese mismo ámbito donde una mayoría puede elegir la paz, hay algunos individuos, que lejos de poder vivir en comunidad deciden que sus instintos más violentos guíen su vida, y sus actos.

Pero hay una diferencia sustancial en el mundo animal, la violencia humana solo puede ser el producto de una emoción violenta durante unos pocos segundos, el resto implica un acto intelectual, no inteligente (por lo menos en el sentido popular de la palabra), es decir: se necesita hacer una valoración de la situación, y tomar la decisión de cometer un acto violento.

Cuando la violencia es un acto en grupo, esa elaboración intelectual, es además un acto terriblemente perverso, porque implica la existencia de un líder que decide realizar un acto violento, que convence a otros que valoran su interés como legítimo y valido, por lo tanto bueno, y deciden acompañarlo, o en el peor de los casos uniformemente detrás de él deciden acometer furiosamente, mientras el líder observa, como un general, la violencia desencadenada de su tropa.

Al tomar la decisión de cometer un acto violento, el hombre se convierte en un animal salvaje, que no puede adaptarse a la necesidad de actuar solidariamente, como implica desarrollar la vida dentro de una sociedad; cuando además, el ejercicio de esa violencia es un motivo de orgullo y decide vanagloriarse del hecho ante sus iguales, o peor, ante quienes considera inferiores, el violento se convierte en un inadaptado, que solo necesita una excusa que le permita iniciar el proceso mental que desatará la violencia, que no es más que el verdadero método de expresión que intelectualmente ha elegido.

La violencia del inadaptado no reconoce clases sociales, ni formación educativa, el violento no necesariamente se come las eses, sino que es un ente que en su desarrollo mental no adquirió la capacidad de distinguir entre lo moralmente bueno y lo moralmente malo, por lo tanto tampoco se le puede pedir una conducta que siga cánones éticos, y eso lo pone en un plano distinto de los otros entes humanos, la mayoría, que si lo pueden distinguir.

El individuo violento en realidad no es inmoral, porque ser inmoral implica que se reconoce lo bueno de lo malo, y se toma la decisión de hacer lo malo, lo que no necesariamente implica un acto de violencia; en cambio, el violento es amoral porque, en realidad el amoral, no sabe que la moral existe por lo tanto no puede reconocer entre el bien y el mal, lo cual lo convierte en un individuo peligroso para compartir la vida de la comunidad.

Lo peor de esto es que el violento amoral, se convierte en un instrumento en manos de los inmorales, y aquí es adonde uno quiere llegar, porque los últimos 50 años de la historia argentina han estado plagado de inmorales que han utilizado a los violentos en beneficio de sus intereses, o han vendido sus servicios a otros inmorales con más poder, que necesitan sustentarlo utilizando el beneficio del miedo, para proteger su “territorio”.

Este es el caso tan reconocible de las barras bravas, grupos de personas que deciden canalizar sus instintos violentos en los espectáculos deportivos, que suelen estar a disposición de los intereses de los dirigentes de turno, que además suelen recibir favores adicionales; el presidente de un club de futbol fue diputado nacional, en ese periodo un conocido barra brava, en proceso por asesinato, trabajaba en el ámbito del congreso, este dirigente político negó conocerlo, y saber quién era; lo más interesante es que el ex diputado también tiene aspiraciones presidenciales. También otro dirigente hace poco utilizó una barra brava para asegurarse el resultado de una convención política.

Esto, obviamente, no es una novedad para nadie, pero lo que sí es interesante es ver cómo es que la sociedad disocia los hechos de la personas, todos sabemos que las barras bravas tienen conexión con los dirigentes y con la política; pero no podemos asociar al político con los hechos, lo cual los pone en un espacio de impunidad, legitimado por una sociedad que no solo no los condena, sino, que además, los vota.

La problemática de las barras bravas, en nuestro país, es amplia y complicada, porque el problema de fondo está dentro de nuestra legislación, que ha sido elaborada por las mismas personas que utilizan los servicios de estas organizaciones, y la justicia que se ajusta a las necesidades del poder, en lugar de utilizar la fuerza de la jurisprudencia a la hora de interpretar y condenar los hechos violentos.

Pero además de esta violencia de grupos, está la otra violencia, la de individuos, que con la misma estructura intelectual que los otros, deciden ejercer la violencia contra la sociedad.

Me refiero a aquellos que dirigen sus actos en forma individual, contra los otros miembros de la sociedad con los que deben convivir, aquellos que consideran la violencia como el único método válido para la resolución de conflictos.

Este tipo de violentos son quizá los elementos más nocivos de la tabla periódica de la violencia, porque además de su amoralidad, tienen la habilidad del psicópata de envolver a las víctimas para esconder sus verdaderas intenciones, y que además suelen tener la protección y, cuando no, la complicidad del poder y la justicia.

Lamentablemente los cánones sociales de nuestro país, siempre justificaron a estos violentos, a los que matan en un robo, a los conductores homicidas, a los que asesinan, secuestran a los que abusan de menores, a los criminales de género.

Son estos últimos, los violadores, los asesinos, y los criminales de género, aquellos que creen que su forma de ejercer la violencia está justificada por la reacción del otro y, que de algún modo, gozan de la protección de la sociedad, basada en prejuicios de años que arrastramos en nuestra educación.

Cada vez que una violación es perpetrada hay algún sector de la sociedad que puede decir algo, si es contra un menor, una parte de la sociedad se pregunta ¿dónde estaban los padres?, o si la mujer estaba vestida provocativamente, o si a lo mejor era una libertina, que se lo busco, si se trata de un caso de violencia de género, la sociedad pregunta, ¿qué le hizo?, ¿porque lo provocó?, ¿Por qué en lugar de denunciar no protege la institución familiar?, terminando invariablemente sentenciando, con la frase más famosa de la Argentina, “Por algo habrá sido”.

La justicia termina siendo funcional a este tipo de conductas sociales, porque también está contaminada por el mismo tipo de prejuicios y preconceptos que el resto de la sociedad, aunque también la legislación termina por proteger a este tipo de violentos, por los mismos prejuicios culturales.

Pero los que creemos que ningún tipo de violencia es válida somos más, ¿entonces, como es que no podemos imponer nuestra visión común?, ¿Cómo es que no podemos conseguir que la ley y las instituciones nos protejan?.

El problema está en nosotros mismos, en ejercer la responsabilidad que nos compete como sociedad, en no ejercer el protagonismo que la democracia nos otorga, en creer que haciendo como el avestruz las cosas no pasan, en permitir siempre, por el solo hecho de creer que todo está resuelto en otros niveles, y que no tenemos peso en la decisión.

A pesar los 30 años de democracia más o menos estable, seguimos sin comprender que somos nosotros los que ponemos a nuestros gobernantes, que se deben a nosotros, el pueblo, y tenemos el poder de cambiarlo todo, porque es del pueblo el poder hacerlo así.

No habría violencia posible de ningún tipo si la sociedad no se desentendiera de esta problemática, si no sumiera la responsabilidad de impedirla, porque si no es así, se harán miles de marchas, y las cosas seguirán iguales, y habrá una mujer muerta cada 30 horas, y nuestros hermanos originarios seguirán siendo asesinados, y nuestros abuelos seguirán siendo estafados, y los niños seguirán siendo abusados, y los barras bravas seguirán exhibiendo su impunidad y la violencia no cesara nunca.

Por eso es importante recordar el final de aquel viejo escrito, que se le atribuye a Bertold Brech “…Ahora están golpeando mi puerta, vienen a llevarme a mí, pero ya es demasiado tarde.”.-

Carlos Gowland.

martes, 26 de mayo de 2015

Breve historia de la violencia Argentina (2da parte)


Pequeña noticia sobre el concepto de violencia

Antes de continuar con esta aburrida relación de cosas ocurridas a lo largo de la Historia, quiero aclarar que es lo que entiendo como violencia.

Violencia es quitarle a alguien el derecho a la felicidad, ya sea por el insulto, la discriminación, el abandono, o la violencia física, privarlo de sus derechos, ignorar sus reclamos, por eso que

No poder acceder a la salud es un hecho violento...

La desnutrición infantil es un hecho violento...

No poder acceder a la educación es un hecho violento...

La falta de bienestar de un jubilado es un hecho violento...

Los crímenes que no se resuelven son hechos violentos...

Un policía corrupto es un hecho violento...

Un funcionario corrupto es una situación violenta...

El juez corrupto es violento...

La militancia intolerante es violenta...

Porque violencia es todo aquello que nos conmociona, que nos priva del espacio de felicidad al que tenemos derecho, que daña a algún congénere de cualquier forma, y que injustamente lo priva de su posibilidad de realizarse y crecer como ser humano.

LA VIOLENCIA RELIGIOSA

En la nota anterior, no hice referencia, de exprofeso a esa violencia cuyo principal objeto es el religioso, porque a lo largo de nuestra historia, linealmente aparece continuadamente, a veces como un aditamento de los otros odios, con el propósito de profundizarlos aún más.

El odio religioso fue fomentado en la Europa medioeval, y trasladado a América junto con los conquistadores, fue el medio por el que, tanto la iglesia como el estado monárquico, resolvieron sus cuentas, la riqueza incautado a Judíos, Musulmanes, adoradores del demonio, perseguidos por la inquisición, apoyada en el peor oscurantismo sirvió para saldar las cuentas a pagar con los banqueros.

La violencia inquisidora empujo al exilio a miles de Judíos, que al no tener paria ni refugio, se convirtieron forzadamente al cristianismo, muchos practicando en secreto su religión, el largo brazo de la inquisición los persiguió hasta América, donde sufrieron las mismas persecuciones y tragedias, muchas veces por las delaciones alentadas por el poder conquistador, muchas veces para cancelar una deuda era preciso denunciar al acreedor de judío encubierto, o para quedarse con sus bienes, la Inquisición hacia el resto, veces por una módica donación como reconocimiento.

Pero no fueron los Judíos el único objetivo de esta violencia, durante los albores de la edad moderna, y siendo Carlos V emperador, los excesos de la iglesia, provocaron la reacción de un grupo de religiosos alemanes, muchos de origen jesuita, liderados por Lutero, enarbolo sus 95 tesis, como una bandera contra los excesos de Obispos y otros protegidos del Papa.

Había nacido la reforma, y con ella la iglesia "Protestante", también la respuesta intolerante del poder eclesiástico que aliado a las monarquías reinantes, en lugar de asumir que las críticas realizadas por Lutero debían ser analizadas y respondidas, eligió reprimirlas lo más violentamente posible.

La iglesia de la reforma, se consolida, pero en el resto de Europa, la condición de protestante se difundía, y se reprimía, sobre todo en la España colonialista; así que, muchos fieles de la nueva religión emigraron a la América recién descubierta buscando la posibilidad de poder practicar se fe en paz, pero no fue así precisamente, muchos fueron obligados a convertirse al catolicismo, asumiendo con la condición de "Marrano", una forma de discriminación que contenía en si la sospecha de la sociedad de bien, sobre la dignidad del converso.

La sociedad colonial, más preocupada en Buenos Aires por el contrabando que por estas cuestiones, al principio hacia poco caso de las órdenes de la inquisición; hundida en el barro Buenos Aires estaba sola, lejos de la opulencia peruana, y mucho más lejos de la mexicana.

Aquí la discriminación religiosa comenzó mucho después, cuando la voracidad de los comerciantes porteños, necesito quitarse competidores de encima, entonces la sospecha sobre los extranjeros llegados a estas tierras se hizo sentir, hasta la época de la emancipación; de todos modos el poder colonial tenia ordenes especificas del monarca, de vigilar a los judíos, y a los protestantes, y no permitirles la práctica religiosa, que una convertidos al catolicismo se hacía en privado.

La llegada de la independencia, planteó un nuevo desafío, el de la tolerancia religiosa, en oposición a la intolerancia colonial, y las discriminaciones por cuestiones religiosas, la necesidad de empréstitos por suscripción, ofrecidos a los comerciantes más importantes muchos de origen extranjero, sobre todo británico, obligo a la tolerancia, aunque no eliminó de la conciencia popular la sospecha sobre aquellos que profesaban la fe de una forma distinta.

Las ceremonias religiosas de los esclavos, eran vistas como bacanales desenfrenadas e inmorales que se hacían de noche y a escondidas; a los esclavos se les catequizaba en el culto católico, lo que dio origen a un sincretismo religioso donde se mezclaban las viejas costumbres africanas con la religión adoptada, expresando una desmesurada fe, que tuvo su mayor expansión en el territorio Brasilero.

En el período Rosista fueron tolerados porque en el candomblé se sumaba la exaltación a Rosas y su Mujer, casi como parte del santoral.


Cuando al fin del siglo XIX, el exterminio de los aborígenes de la pampa, hizo posible el reparto indiscriminado de la nueva tierra conquistada, y se impulsó la inmigración, llegaron al país hombres de todos los orígenes, Protestantes, Judíos, Mahometanos, Ortodoxos, Ultra católicos, se produjo un choque cultural que puso bajo sospecha a los profesantes de los credos no católicos; principalmente a los Judíos, a quienes además se les sospechaba se anarquistas, socialistas, participes de una conspiración internacional para quedarse con la Argentina.

Los Evangelistas, si bien no fueron tantos en número, eran vistos con desconfianza, porque su forma de practicar la fe cristiana, era sustancialmente distinta de la formalidad católica, y su idea de la vida comunitaria, posiblemente por su escaso número, implicaba mucho compromiso entre la iglesia y sus fieles, sobre todo en lo que hacía a la ayuda entre la comunidad de una congregación.

De todos modos también fueron puestos bajo sospecha, porque la influencia de la Iglesia Católica sobre la sociedad más tradicional, conservadora en cuestiones de Fe, provocó que todo aquello que fuese distinto en materia religiosa debía ser puesto bajo sospecha, además en nuestra constitución estaba permitido el ingreso a la función pública solamente a aquellos que, además de ser ciudadanos, profesaban la Religión Católica.

Los Evangelistas no reconocían al papa, no veneraban las imágenes de los santos, no acompañaban la procesiones, no comulgaban, no se confirmaban, no practicaban la misa, eran diferentes, por lo tanto se los segregaba, más elegantemente que a los judíos, pero era así.

Como corolario, en alguna época de exacerbado nacionalismo se consideró que las religiones evangélicas, eran funcionales a los imperialismos estadounidense o inglés, exceptuando de esto a la Iglesia Luterana que por su origen alemán era vista con mayor simpatía.

El Islamismo, no fue tan cuestionado, porque en realidad los practicantes de la religión eran mucho menores en cantidad que el resto, gran parte de la inmigración de oriente provino del Líbano y Siria, eran mayoritariamente Católicos Ortodoxos, primos hermanos de los católicos romanos.


En los años de la revolución comunista, ser Judío implicaba ser sospechoso de anarquista, o comunista, miembro de un movimiento disolvente que aspiraba a corromper las bases más firmes de la sociedad argentina, para establecer un estado socialista y totalitario.

En el periodo de crecimiento del nacionalismo, increíble, y contradictoriamente, los mismos que los acusaban de comunistas decían que los judíos eran un poder económico que, por efecto de su capital, buscaba apoderarse de las riquezas y hacerse del poder político y económico, acumulando para si las riquezas del pueblo, sumando a esto la intención de apoderarse de la Argentina para fundar un estado Judío, por ahí circulan todavía los apócrifos "Protocolos de los sabios de Sion", en los que se apoyaban tales mentiras.

Durante los periodos totalitarios en la argentina, se incentivó el odio religioso, sobre todo en el periodo de la preguerra mundial y durante el auge del Nazismo alemán y el Fascismo Italiano.

Durante el Gobierno de Perón también se alentó la intolerancia religiosa, la Alianza Libertadora Nacionalista, dirigida por Queraltó primero y por Kelly luego, bajo la protección de Perón, fomentó el odio hacia la población Judía, por los mismo motivos de siempre, es más fácil encontrar un culpable de nuestros males, que dedicarnos a solucionarlos.

La caída de Perón y la desgracia del nacionalismo, no soluciono el problema, la sospecha sobre los que tenían una fe distinta, quedó enquistada en la sociedad, la conducta de los gobiernos militares no ayudo en nada, puesto que eran más intolerantes que aquello que decían combatir.

La sociedad argentina, aún hoy sigue propensa a la discriminación religiosa, ser evangelista, Mormón, Menonita, Judío o Mahometano, implica ser visto como diferente, por lo menos alienta la mirada curiosa sobre el hombre que practica la fe, y esa mirada "curiosa", casi siempre está acompañada del comentario descalificador, que no es más que una forma sutil de violencia.


Durante la dictadura militar ser judío era ser objeto de las peores torturas, el ensañamiento con el que se torturaba a los Judíos, era mucho mayor que con el resto de los detenidos, a veces solo se los torturaba por el hecho de ser Judíos, el caso Capitman es una muestra de ello.

La sospecha social sobre los judíos sigue latente, como antes y siempre oímos en grandes sectores de la sociedad, comentarios xenófobos y conceptualmente violentos. ¿Quién no ha escuchado cosas cómo?: "Hitler se equivocó, debió haber matado a doce millones de judíos", "judío de M....", "Los judíos son todos Ca....s", "Los Judíos se quejan, pero ellos se auto discriminan", etc., etc., etc....

A pesar de esto en nuestro país la tolerancia interreligiosa fue mucho mayor que en otros países del mundo, aquí, Evangélicos, Anglicanos, Judíos, Mahometanos, Budistas, tuvieron la posibilidad de acceder a la Educación, el trabajo y el progreso, muchos se desarrollaron como científicos, escritores, empresarios, políticos, artistas, etc.... De todos modos esto no disculpa la forma violenta en la que la sociedad se ha comportado y se comporta aún con aquellos que no profesan la Religión Católica.

Cuando comencé esta nota explique que consideraba como violencia, y me parece importante, en esta serie de artículos que decidí escribir sobre el tema, sin ser un erudito, que podamos analizar este problema que nuestra sociedad parece no comprender hasta donde puede corroer las bases de la nación, porque al poner al otro bajo sospecha, mantenemos una situación de violencia latente, que a veces solo necesita un justificativo para desatarse.
Hacer un raconto de la violencia en la sociedad argentina es absolutamente necesario, sobre todo porque la violencia social es el producto de los prejuicios que arrastramos como país a lo largo de la historia, que solo buscan encontrar un culpable de nuestras frustraciones comunes, sin ponerse a reflexionar sobre los errores colectivos que hemos cometido.

lunes, 18 de mayo de 2015

Breve historia de la violencia argentina: ¿No es hora de terminarla?


La violencia política en la argentina tiene una muy larga historia, que es necesario recordar permanentemente, para poder reflexionar si no va siendo hora de no caer en las trampas que nos proponen, oficialismo y oposición y que no solo nos enfrentan permanentemente, sino que no nos permite comenzar a construir una sociedad como soñamos, una patria feliz.

Hace un tiempo que por el efecto de alguna cuestiones políticas, el asombro y la estupefacción se apoderaron de mí, y no he podido elaborar un argumento digno de ser leído, o escuchado, pero en los últimos días, se han sucedido una serie de hechos que no tienen una calificación posible, para el ciudadano común, excepto que uno esté dispuesto en caer en las peores groserías.

Desde el inicio de la América colonial, que la intolerancia y el enfrentamiento ficticio sirvieron como excusa suficiente, para que la violencia se ejerciera sin discreción alguna, justificada por la rebeldía de unos sobre el poder de otros; así que para hacerse del oro de América, Colón se ocupó de comenzar con el exterminio de los aborígenes del Caribe, por no cumplir con sus exigencias auríferas, entonces se utilizó el recurso de la religión para esclavizarlas, hasta que la sumisión fue tan pesada que la rebelión necesaria, justificó la represión  más brutal.

De los más de 300000 aborígenes del caribe en pocos años solo quedaban unos escasos 12000, los habitantes del continente luego de la invasión de las hordas supuestamente civilizadoras, habían sido reducidos en 24.000.000, según el número de Fray Bartolomé de las Casas, número que  hacia 1890 sería escalofriantemente mayor.

La Iglesia apartada de su función evangelizadora sirvió, en muchas ocasiones, la excusa servida en bandeja, para iniciar la matanza era necesario la negación a convertirse, y así provocar el exterminio y la esclavitud.

Esa fue quizá la primer forma de violencia social que vivió la América hispano portuguesa, pueblos exterminados por la ambición y la voracidad de los poderosos, con la complicidad y la omisión de quienes debían por su juramento defender a los débiles.

A esto siguió la brutal esclavitud de las minas, bajo la terrible forma de la encomienda, los “civilizadores” Siguieron hasta el sur, y el continente se volvió en un sitio de caza de hombres, hasta que las rebeliones estallaron nuevamente, y como siempre finalizaron aplastadas por la espada del conquistador, Túpac Amaru muerto y diseminado por todos los extremos del Imperio Inca, Túpac Catari mas tarde, todos muertos y exterminados para justificar la dominación por el acero.

Más tarde la violencia tomo otras formas y otros destinatarios, la necesidad de sostener el sistema colonial, cambio el objetivo; los nuevos enemigos del poder serían los extranjeros cuyas ideas contaminaban de libertad a los criollos, que terminaron siendo el objeto de la violencia colonial, la necesidad de sostener el poder justificaba la crueldad del castigo, y la guerra, por el otro lado la libertad y la independencia justificaban más o menos lo mismo.

La independencia finalmente sucedió, y el odio criollo contra la madre hispana, volvió a mudar hacia otras regiones,  fue entonces que los intereses del puerto, primaron por sobre los intereses del interior, y de nuevo la violencia brotó de entre la tierra, los intereses económicos de la capital, el centralismo porteño, alentado por quienes creían que el interior estaba poblado por una clase imposible de ser gobernada, genero la rebelión; y nuevamente la sociedad se vio enfrentada en una espiral de violencia que parecía no tener fin, Orientales contra Directoriales, provincianos contra porteños, moría Belgrano en medio del caos y la indiferencia, y un nuevo fenómeno violento aprecia en el horizonte nacional.

Unitarios Y Federales, fue la consumación de la violencia política de nuestro país en el siglo 19, la intolerancia total, el fanatismo, el culto a la personalidad, la religión contra el sacrilegio, el centralismo contra el federalismo, todos exacerbaron las pasiones al punto de lo irracional.

De nuevo la Guerra…, de nuevo la muerte…, pero esta vez la rebelión de los débiles contra los poderosos, fue excusa para defender privilegios de clase de ambos bandos, y el pueblo, como siempre fue utilizado como un vehículo ejecutor, y receptor, de los males de la violencia, pero para nada destinatario de los beneficios de los triunfadores.

La lucha entre Unitarios y Federales finalizo y nos dio la constitución…, de nuevo la intolerancia política, se enseñoreo, Buenos Aires se separa, el sostenimiento de los privilegios, justificaba la disolución de una Nación que, después de cuarenta años, no comenzaba a ser.

Entonces el enfrentamiento entre Buenos Aires y el Interior, reinició la violencia, Buenos Aires derrotada se integra, luego…, Buenos Aires, triunfante, toma el poder, y se abalanza sobre el interior, las campañas de Mitre silenciaron las voces de los pueblos, utilizando los mismos métodos condenados por Sarmiento…, también son ejecutados por Sarmiento; el asesinato, el destierro, el degüello, el fusilamiento a mansalva, los métodos de la barbarie…, condenados por la civilización, se volvían instrumentos “legítimos” en manos de los civilizadores.

La integración del País se hacía bajo el filo de las bayonetas, mientras que en la civilizada Buenos Aires Crudos y Cocidos se enfrentaban a tiros de Remington, y cuchillo sobaquero.

Terminada la supuesta pacificación la intolerancia fijo un nuevo objetivo, el Paraguay se hacia esta vez, con la culpa de todos los males…, destruirlo se convirtió en un objetivo, que no solo no sirvió para nada, sino que además acentuó la dominación del Brasil sobre el territorio sudamericano. Y resultamos Triunfantes de una guerra, no solo injusta, sino insensata, que nos avergonzara por el resto de la historia, y sin tener a quien culpar de nuestros fracasos…, por el momento.

Cuando el país podía volver a la normalidad era necesario culpar de nuestros desatinos a alguien más; entonces la venganza del interior sobre Buenos Aires proponía quitarle a la Provincia su joya más preciada, la reina del plata seria la capital de la Nación, la revolución no se hizo esperar, 1880 traía de nuevo la intolerancia y la violencia, y los derrotados entregaron Buenos Aires al resto del país, quizá creyendo que Buenos Aires sin Buenos Aires, ya no podría ser un Estorbo, pero crearon un Monstruo que en su grandeza fagocitó los recursos del interior, esquilmando a los pueblos para aumentar el brillo de su esplendor.

En 1880, la violencia cambia de rumbo nuevamente, había que agrandar el país, entonces los culpables de todos los males fueron…, nuevamente…, los pueblos aborígenes; el plan del liberalismo de la época exigía conquistar el territorio, poblarlo y producir, entonces fue que para terminar con todos los males, la falta de progreso…, de desarrollo económico…, de la tan ansiada prosperidad, se inició a campaña del desierto, miles de aborígenes asesinados, sometidos, trasladados de sus asentamientos a otros centros, sus familias repartidas…, como esclavos entre los nuevos conquistadores (para ser educados cristianamente), fueron el efecto inmediato. Así Inacayal,  exhibido con su familia como una curiosidad de museo, y puso término a sus días arrojándose desde el techo del museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Los años pasaron, ya no había indios a quienes culpar, y la violencia se transitó nuevamente el camino de la política, el fraude sistemático, y la violencia contra los opositores (se fusilaba a los ciudadanos en los atrios de las parroquias para posibilitar el fraude, y el triunfo oficialista), detrás de eso la sombra de Roca aparecía… siempre; la rebelión surgió nuevamente, el levantamiento del 90 fue la respuesta a la violencia, y la corrupción ejercida desde el poder.

Dese allí hasta 1912 se repitieron los levantamientos de ciudadanos  hartos de la prepotencia…, 1910 llego en un clima de violencia contenida, los sindicatos anarquistas no perdonaban la intolerancia para con los obreros, y los atentados se hacían sentir, así muere Falcón, pero también muere su asesino torturado bárbaramente…, 1916, y llegará la afirmación democrática de la mano de Yrigoyen pero la violencia entre Radicales y el Régimen, trasmuta hacia otro camino; internacionalistas y nacionalistas se enfrentan,  el ambiente se tiñe de sangre otra vez, la liga patriótica contra los sindicatos, en el sur la matanza de obreros alentada por la sospecha de una posible complicidad chilena, justifica los asesinatos de Varela, y cesa cuando los patrones temían quedarse sin obreros que hicieran el trabajo.

La guerra iniciada en 1914 enfrenta a Germanófilos y los Aliadófilos, todos, defensores de intereses tan ajenos… como lejana estaba Europa, la resistencia a entrar en la guerra, no sirvió para calmar los ánimos, al contrario los caldeó aún más sumando a la oposición a los nacionalistas partidarios del régimen conservador caído en desgracia.

Aparece el fascismo en el horizonte, Lugones proclama la Hora de la Espada, los viejos partidarios del régimen abogan por la solución patriótica, ¡hay que terminar con los comunistas!..., ¡hay que terminar con la democracia!.., ¡hay que instaurar un régimen como el de Mussolini!.., y el enfrenamiento encuentra en su camino a un decrépito Uriburu…, necesitado de clarines de gloria…, y se convierte en el instrumento del régimen, cae Yrigoyen, y otra etapa en la historia de la violencia se inicia, la ruptura de la constitución, y su justificación jurídica.

La tortura, introducida por el tristemente célebre comisario Lugones (que terminara sus días años más tarde, del mismo modo que su padre, el juglar del fascismo vernáculo), busca sujetos culpables, hay que terminar con la subversión anarquista, y con cualquier vestigio de radicalismo, es necesario, establecer un régimen Nazi, aparece la Legión Cívica, brazo civil armado del régimen, la primer triple A, de la historia argentina, o la segunda si consideramos a la mazorca, o la tercera si ponemos primero a Estomba, Rauch y los matones de Lavalle.

Así, sin solución de continuidad, la violencia política se expande, y recrudece cíclicamente, cada vez más rápido; llegará el golpe del 43, Perón, la persecución política y la prisión de los opositores, la Alianza Libertadora Nacionalista con Queraltó…, la revolución Libertadora, y los fusilamientos de José León Suarez…, la vuelta a la democracia, Frondizi,  el Plan Conintes, Azules y Colorados, La caída de Frondizi.., El régimen de nuevo, y de nuevo la Democracia…, Illia al Gobierno (hace el intento pero no es posible)…, Ongania y sus azules, los nuevos árbitros del Poder, empiezan los levantamientos guerrilleros, inspirados en la revolución cubana (El che morirá en Bolivia)…, aparece Tacuara (los nacionalistas armados), algunos jóvenes de la Acción Católica formarán la agrupación Montoneros (al principio protegidos por Perón y luego Traicionados por este), el ERP, las FAR, las FAP, las Brigadas peronistas, la triple AAA, La tendencia, la Izquierda y la Derecha…, el clima de violencia política parece tornarse insostenible…, entonces se apela de nuevo a la vieja solución, el nuevo golpe, la dictadura, y la violencia más terrible que es la del estado, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato, la corrupción del poder, terminan en la peor de las salidas…; la guerra de Malvinas, arruinando la vida de toda una generación, quizás el poder ejercido por los vahos de mala bebida, girando en la cabeza de los mandos militares.

Forzadamente vuelve la democracia como sistema, la violencia quedara silenciada, pero no quieta, los juicios a los genocidas desnudan la verdad, los altos mandos militares son responsables, pero también lo es la dirigencia guerrillera, la CONADEP y el juicio destapan la verdad, los argentinos que fuimos espectadores de ese proceso, nos sentimos, en ese momento, cómplices de todo ese tiempo histórico…, por participación, por ignorancia, por omisión, por cobardía…, caímos en la cuenta que habíamos sido cómplices de un proceso que había diezmado, casi, a una generación de jóvenes.

La violencia reaparece siempre pero esta vez, como si algo hubiésemos aprendido toma la forma de la intolerancia, de la corrupción y de la traición, Los años noventa generaron un nuevo régimen, como aquel de los 30, pero más corrupto y desenfadado…; el poder viola todas las leyes provocando adrede el peor de los actos violentos que se pueden ejercer contra la sociedad: la exclusión, sometiendo a la pobreza a más de la mitad de la población, detrás de una supuesta prosperidad que solo llenaba la copa insaciable de los más ricos.

Esa violencia sorda, ejercida implacablemente se contiene, a base de polenta y arroz, justificándola con la promesa de un bienestar futuro que nunca llegaría, la violencia muda, cierra escuelas, expulsa científicos, hace desaparecer el trabajo, los lazos solidarios se cortan, si un compañero se queda sin trabajo el sindicato enmudece, el individualismo la gana la pulseada a la sociedad.

¡Sálvese quien pueda!, ¡Solo!, ¡No importa!..., y nadie se salva solo…; pero el poder económico enriquecido durante el proceso le rinde honores al poder político, la estabilidad basada en la miseria de muchos y la riqueza de pocos, ha conseguido la reafirmación del mismo régimen de hace 100 años…, otra generación con los mismos nombres.

¡No importan los pobres!, ¡no importan los marginados!, ¡no importa que los desposeídos de la patria sean mayoría!..., lo único que importa es alguien que, Darwinianamente visto, es más fuerte que otro y por esa fuerza hace prevalecer su poder, violentamente, aunque no  se vea sangre.

Finaliza el milenio, y finaliza la paciencia; un nuevo gobierno cae por la intolerancia, alentada desde una oposición que necesita hacerse nuevamente del poder…, se corrigen algunas cosas, otras seguirán igual, nuevamente la violencia ejercida desde el poder ocasiona nuevos muertos…, la necesidad de ser incluidos levanta la protesta, porque todavía queda tiempo (pero no mucho), para que la generación desplazada en los noventa vuelva a ocupar un lugar.

Esto no ocurre, no se incluye a quienes quedaron fuera, serán clientes del subsidio y la limosna del estado, que se dice benefactor, pero que en realidad decide sostener a dos generaciones porque así consigue clientes, fieles a la hora de votar, la inclusión no será ni tanta ni tan buena, el desastre provocado en la educación no se soluciona, la igualdad republicana no se consigue, y tampoco se soluciona la situación de conflicto social latente.

Desde el poder se actúa con lógica de amigo o enemigo, se está con el proyecto, o  se está en contra…, los que están a favor Patriotas…, los que están en contra Traidores…; un nuevo culto a la personalidad surge en la política local, necesario para  lograr el poder hegemónico…; la corrupción salpica de nuevo la política y manchando la democracia popular, deviniéndola en…, otra cosa..; y no hace más que regar el pasto de los “Republicanos”, que no son…, otra cosa que los viejos cómplices del régimen, mas aggiornados, algunos más jóvenes, pero con los mismos nombres, que engalanaron el latrocinio de los 90.

La bonanza económica de los comodities trajo una supuesta estabilidad; la voracidad capitalista acentuó un proceso que nunca se terminó en la Argentina; con medios más sofisticados, recomienza la persecución al aborigen, desplazándolo de sus tierras, quitándole su forma de vida, arrojándolos a la miseria y a la muerte, un nuevo genocidio comienza: ¡Cultivar Mas y mejor! aunque implique arrojar al aborigen de su tierra, la única que queda sin utilizar por la nueva opulencia agropecuaria.

Pero lo peor es que la insensibilidad contagió a todos los estratos sociales, la violencia contra la se ejerce desde todos los ámbitos, el político, el económico, el empresarial; desde la justicia corrompida, desde los legisladores comprometidos en una suerte de oligarquía que deja surgir nada nuevo, desde el poder ejecutivo…; todos contribuyen a provocar la violencia y la intolerancia que vivimos, nos enfrentamos dentro de las familias, con los vecinos, entre los barrios, entre los pueblos; pero somos incapaces de identificar de donde nos viene todo eso…, que nos duele tanto; así no podemos dejar de ser clientes y esclavos del poder, no podemos decir basta, …Y la violencia continuara…, recrudecerá por momentos…, será reprimida en alguna ocasiones…, pero lo que sí es seguro, es que no habremos logrado consolidarnos como una nación digna de nuestros hijos.

Posiblemente sea la hora de reaccionar, romper con estas cadenas de esclavitud, como nos enseñó Illia, como nos enseñó Ghandi, como nos enseñó Luther King…, Juntos, como hermanos, con firmeza…, y en Paz.

martes, 31 de marzo de 2015

Alfonsín: Reflexión a seis años de su muerte


Cada vez que se cumple un aniversario del fallecimiento de Alfonsín, afloran con nostalgia, el recuerdo de las luchas del radicalismo, desde el voto popular, hasta la reinstauración de la democracia como sistema “sine qua non”.

En el 82, muy a pesar de muchos ciudadanos, un hombre decidido, con una magnifica tozudez, que había luchado durante los años oscuros de la dictadura, por la defensa de los derechos humanos, incluso enfrentado contra muchos miembros de su propio partido, que no consintió con ningún acto dictatorial, desde el golpe hasta la guerra de Malvinas, asumía el riesgo de liderar un proceso que devolvería el país al camino democrático.

El desafío de Alfonsín, no solo era reencausar al país por el camino de la democracia, sino hacer comprender a nuestra sociedad que se debía romper la tendencia a justificar los totalitarismos, un mal enquistado en la argentina, debido en gran parte al reconocible origen autoritario de la democracia en nuestro país.

Teníamos los argentinos, y todavía tenemos, una peligrosa inclinación a caer bajo el influjo de los mandones, de justificar sus actos, los gobiernos desde 1853 hasta la llegada Yrigoyen, durante la década infame, el periodo peronista, la revolución Libertadora,  Onganía, el peronismo del 72 al 76, la dictadura, y nuestras propias tradiciones históricas, nos habían acostumbrado a vivir en un clima político, donde era importante para nosotros tener un mandón en el poder, porque en el fondo, estos gobiernos que se llamaron asimismo, patriotas, liberales, socialistas nacionales, Justicialistas, habían desarrollado su accionar al calor de un exagerado culto a la personalidad, y una concepción utilitarista del estado, donde en los periodos democráticos se conservaba una formalidad política restringida por la influencia del poder, pero detrás un férreo ejercicio del mando manejaba los asuntos del país, y en las dictaduras la lógica del matón y la violencia del estado eran la característica que identificaba al accionar del gobierno.

Durante el sueño breve de Illia, como lo llamó Cesar Tchach, el país pudo vislumbrar que existía un estilo diferente, que había un modo distinto de gobernar, una verdadera democracia, sin un mandón a cargo, con un presidente con una actitud simple, pero valiente, que nos decía que debíamos aprender a ser parte, que éramos parte, que debíamos ejercitar el gobernarnos, sin depender de ningún milagroso y mesiánico salvador de turno, realmente fue un sueño breve, interrumpido por un golpe que hundió las posibilidades de ser realmente una Nación de hombres responsables participes y hacedores de su propio destino.

EL país cayo nuevamente en la tentación totalitaria, las campanas del orden tocaban de nuevo, y la sociedad seducida nuevamente por esa combinación marcial de trompetas y liberalismo económico, perdió su oportunidad.

el 73 era la posibilidad de recomenzar el tránsito hacia una argentina nueva, insertada en una modernidad que aparecía en el horizonte, pero el deseo de revancha y la tentación totalitaria, pudo más, y terminamos en un gobierno, violento, fratricida, en el que el único lenguaje posible entre las facciones en pugna era la violencia, la lucha armada de las organizaciones dejo de ser revolucionaria para convertirse en criminal, dejo de ser de izquierda para convertirse en fascista, la respuesta de gobierno con una violencia mayor, más ilegal, más cruenta, concluyo cuando las soluciones eran prácticamente imposibles, si no implicaban el sacrificio de una dirigencia que no estaba dispuesta a abandonar ningún privilegio, y de los grupos terroristas que sumergidos en una irracionalidad manifiesta, tampoco podían detenerse, La solución fue definitivamente llamar a los cuarteles, entregarles el poder y dejar al país nuevamente en sus manos, y que terminaría cayendo en el descredito, que violo todos los derechos humanos posibles, que entrego el país a la voracidad de los capitales extra nacionales, que violó la constitución hasta el punto de convertirla en la letra muerta de un sueño centenario. Y cuando el régimen se encontró encerrado en su propio fracaso provoco una guerra, suicida e innecesaria, arrastrando a la muerte y a desesperación a una generación de jóvenes, que tenían mucho para darle al país.

La llegada de Alfonsín, con su mochila de años de lucha por la democracia, implicaba la posibilidad de realizar aquel sueño breve de Illia, implicaba que la democracia social no era una entelequia sino una posibilidad concreta.

También era una realidad la posibilidad de una justicia que asumiera la responsabilidad de juzgar y condenar a los culpables de la violencia setentista, y nos diera la posibilidad de construir una sociedad donde la violencia no volviera a ser la protagonista de la política.

Alfonsín significaba la posibilidad de ser parte de un país normal, con un gobierno de todos los días, con leyes e instituciones con las que pudiésemos identificarnos como sociedad.

Libertad, participación, integración social, justicia, igualdad, eran la bandera que levantaba Alfonsín y que todos, casi sin excepción entendíamos que era el quien marcaba el camino a seguir, para poder reconstruir el tejido social que constituye el país.

Hoy el partido después de recorrer un camino sinuoso de la mano de una dirigencia, que detrás del éxito fácil, sin intentar el sacrificio de la lucha ha entregado al radicalismo a una agrupación política que lejos de representar una forma de política ideológicamente, representan las antípodas de nuestro pensamiento, basta con leer la declaraciones de sus dirigentes (que los medios importantes publican constantemente), para darse cuenta que lo que en realidad representan.

La situación en la que nos encontramos hoy, nos debe hacer pedir perdón al padre de la democracia argentina, y sería bueno que, como dijo alguna vez Alem, coloquemos crespones negros en nuestras banderas, y en nuestro comités, en señal de luto por la desaparición del sueño Radical.

martes, 17 de marzo de 2015

El desafío a emprender despues de la claudicación


Hoy, aunque las pasiones no se han acallado todavía, y creo que los ánimos seguirán caldeados por mucho tiempo, será necesario barajar y dar de nuevo, para que después que esta conducción del partido se retire huyendo por las ventanas del Comité Nacional, después del estrepitoso fracaso en el que van a caer, y no alcancen las explicaciones y los mea culpas para salvar la ropa; Decía, será necesario que haya una dirigencia que mantenga intacta su identidad, y sus principios dispuesta a construir una alternativa de poder coherente con la doctrina y a la ideología radical.

Cuando después de limpiar la tierra de la contienda reciente nos encontremos con que hoy tenemos un partido sin programa, una alianza sin ideas, ni rumbo, donde desde el inicio uno de los aliados desautoriza la palabra del supuesto presidente de la UCR, manifestando que no habrá un programa común, ni un gobierno de coalición, ni nada de eso, nos enteramos que lejos de ir a las PASO a competir, ya se  están acordando listas conjuntas, donde los candidatos se colocaran de acuerdo al piso actual de la UCR en el congreso (o sea poquito), y dentro de unos días nos desayunaremos conque no hay posibilidades que el partido presente listas propias para legisladores provinciales y nacionales, sino que serán las negociadas entre Sanz, Carrió y Macri, y sus “equipos técnicos”, que no son tales (por supuesto).

Decía, que cuando todo eso pase, y pasen las elecciones y la actual conducción se vaya huyendo, será necesario contar con un dirigencia capaz de hacerse cargo de la estructura; un dirigencia que no esté contaminada por el conchabo público que maneja la conducción, que sea capaz de afrontar el desafío de reconstruir al partido y devolverlo al camino del que nunca debió apartarse.

Ese es el reto del futuro, un trabajo enorme nos espera, hay que recuperar la mística del partido radical, levantar de nuevo las banderas prostituidas por esta conducción, limpiarlas y hacerlas flamear de nuevo.

Es necesario, recuperar la causa, aunque debamos renovar los métodos, e incluso los postulados de siempre, y hacer escuela de la doctrina, abonando el terreno para las generaciones que vendrán. Y la forma de hacerlo es poner la mirada en los jóvenes, en los que todavía están limpios de las practicas maniqueas de la vieja dirigencia, hay que fomentar y empoderar a la juventud del partido, la que no claudica ni se deja convencer por la chequera de nadie, hay que comenzar por oír lo que tienen de nuevo para decirnos, sobre todo a quienes, entre nosotros, los años de militancia han contaminado en sus metodologías, supuestamente estratégicas y pragmáticas.

Es necesario que los radicales que no se dejan convencer por estos pactos espurios, ni por este neo-mitrismo encaramado en el partido, comencemos a acercarnos a limar asperezas y fijar posiciones, que comencemos a rediscutir los viejos postulados y adaptarlos a los tiempos que corren, deberemos crear un nuevo programa de Avellaneda, que será el mismo pero adaptado a los nuevos tiempos y a las exigencias que plantea la sociedad moderna.

Es necesario que reformulemos la vieja contradicción identificando más claramente cuál es la posición del partido dentro del campo popular, sin renegar de nuestra posición ideológica, y de nuestros principios que como tales se mantienen inmutables a través de la historia.

Debemos mirar también dentro de las organizaciones de Trabajadores del Partido, donde hay correligionarios que reclaman con claridad meridiana, que se los escuche, que se les entienda que las organizaciones obreras no son un flagelo, como parece plantear a veces nuestro presidente, cuando dice que hay que ignorar a los sindicatos, los que deberán seguir siendo los interlocutores valido a la hora de negociar la redistribución del ingreso.

Es necesario que sentemos una posición con relación a las políticas sociales, para que la solidaridad social sea realmente un hecho que provoque la recuperación de la movilidad ascendente y que impida que se sigan generando bolsones de exclusión  a lo largo y a lo ancho del país

Hay que fijar posturas claras en materia de salud pública, diseñando cual es la salud que queremos para nuestros hermanos, que hoy debido al colapso inminente del sistema no tendrán a donde recurrir para acceder a los beneficios de una salud igual para todos.

Hay que redefinir el sistema educativo, para que la educación, vuelva a ser el impulsor de esa necesaria movilidad ascendente, privilegiando la integración, el mejoramiento de los contenidos, la especialización, recuperar la enseñanza técnica, tanto en las viejas, como en las nuevas áreas, promover la investigación universitaria para que el país no esté fuera del selecto grupo de naciones destacados por su capacidad tecnológica.

Se deberá elaborar una política de desarrollo industrial de características propias, que consciente de invertir en tecnologías propias pueda elaborar productos de alto valor agregado sin depender tecnológicamente de los países centrales.

Le queda a los que puedan encarar esta tarea un trabajo titánico, porque implica reconstruir, todo el andamiaje del partido que quedara vacío después de la huida en masa que se avecina, y le toca a la juventud nutrirse para comenzar con la tarea, a nuestros mejores cuadro de hoy que no estén contaminados por las tentaciones del poder les está reservada la tarea docente, la de instruir y preparar a los que vienen, para que tengan los elementos necesarios para convertirse en dirigentes.

Les queda a los trabajadores radicales resistir en sus lugares de lucha este otro embate neoliberal que se avecina, porque el golpe de la nueva derecha contra el aparato productivo será tremendo, la amenaza de una nueva ola de pobreza al estilo de los 90 es lo que viene en la argentina, y esta dirigencia lejos de oponerse se dispone a ser cómplice de esto.

Nos dicen hoy que quieren eliminar el populismo, y en realidad lo que pretenden es volver a las políticas antipopulares, a los postulados excluyentes, a las viejas maquinaciones de los 30, los 70, y los 90, que sumieron al país en la desesperación.

El discurso de la eliminación del populismo entraña en su fondo la eliminación del protagonismo popular,  porque les molesta el pueblo cando reclama y cuestiona, el discurso de la eliminación del populismo, es tan falaz y descreído como lo es este gobierno actual, que también elimina al pueblo del protagonismo de la escena, pero por métodos diferentes.

Es necesario definir formas de inclusión que abarquen la sed de justicia de los desposeídos, de los abandonados por régimen, de los pueblos originarios, injustamente despojados de todo derecho, es necesario volver a las viejas posturas de Larralde y de Lebhenson, a la visión planificadora y democrática de Illia, a la concepción social de Alfonsín.

La única forma de lograr esto es que aquellos que no estamos de acuerdo con esta maniobra urdida desde las sombras de la ilegitimidad, comencemos a tender los lazos necesarios para generar una movilización política dentro del partido que provoque el cambio generacional necesario, que seguramente en su potencia torrencial nos lleve puesto a nosotros mismo si es necesario, pero que nos permita ver que hay una nueva generación que sin estar colonizada por as vejas practicas sea capaz de poner a la UCR en el camino de la victoria.

lunes, 16 de marzo de 2015

Un pensamiento desde la entrañas de mi radicalismo


La doctrina de la Unión Cívica Radical me exime de apoyar lo resuelto por la Convención Nacional, y entiéndase esto, las alianzas deben ser programáticas, y esto solo es posible cuando se hacen con partidos ideológicamente afines, como radical adherí a la Profesión de Fe doctrinaria, al Programa de Avellaneda, al postulado de la Contradicción fundamental.

Cuando muchos correligionarios justificaron el gobierno de Menem y se guardaron, participé con los muchos que veíamos como el país iba directamente al abismo, denunciando en los pocos lugares que teníamos que esto terminaba en el desastre.

Recuerdo cuando los medios periodísticos bombardeaban al gobierno de Alfonsín, y abiertamente apoyaban el regreso de algún liberalismo fratricida, y terminaron apoyando la llegada del gobierno más corrupto de la historia, cuyos protagonistas se refugian hoy en los cargos públicos para no someterse a la justicia.

Como Radical creo que las únicas cosas que me obligan a emprender determinado camino son mis convicciones, y mis principios, mi conducta política, mi ideología, abonada por el tiempo de militancia, que me permitió adquirir cierta conciencia de lo que debían ser mi partido y la república.

Cuando la defección de Alfonsín, me negué, junto con muchos radicales a Votar a De Narváez, porque entendíamos que esa alianza no reflejaba en nada el espíritu y los principios de la Unión Cívica Radical.

Este caso de hoy es el mismo, esta alianza, con la nueva derecha argentina, no refleja en nada el espíritu de radicalismo, el PRO es una fuerza dirigida por alguien, que aún hoy, sostiene que el gobierno de Menem fue el mejor de la historia, que se encuentra tan procesado, como muchos de los funcionarios del gobierno, que ha demostrado que lo único que le importa es el auto bombo, que esta tan falto de estructura y de buena gente, que envía a la vicejefe de gobierno de la Capital federal a ser gobernadora de la provincia de Buenos Aires, como si fuera un colonizador, al igual que lo que hizo el partido del gobierno, con Rukauf,  Scioli, etc.

Por el otro lado se pretendía la incorporación del FR, otro bastión del peronismo neo liberal, tan colonizado por el menemismo como el PRO, lleno de sus ex funcionarios, y sus parientes, que también durante 24 de los últimos 30 años de vigencia de la democracia, gobernaron nuestro país con tal impericia que destruyeron el tejido social de nuestro país, de tal forma que permitieron la profundización de esta división ficticia que ha creado el gobierno desde el poder.

Desde la tribuna Sanz propone destruir el populismo, pero esa destrucción asociada con el PRO, implica también la destrucción de lo popular, implica el abandono de las políticas solidarias, porque los economistas del PRO han sido claros, la solidaridad social no está en la agenda económica, el papel del estado como redistribuidor del ingreso, no está contemplado, porque en el esquema liberal, prevalece el darwinismo por sobre la ética.

Quien diga que no es así, que me explique porque en algunos hospitales de CABA hace un mes que no se opera por falta de insumos quirúrgicos, y no es por el problema de las importaciones, solo se trata de desproteger a los más pobres, a los que no pueden pagar por su salud.

A estos neoliberales del PRO y del FR, tampoco les importa, como no les importó durante el período menemista, la educación como factor de progreso social, y participaron en la destrucción de la Educación Pública como ocurrió en los 90, porque en su lógica Liberal, un mercado de trabajo profesionalizado y sano, no es viable, porque impide la obtención de mano de obra barata.

La flexibilización laboral que muchos de los radicales combatimos en esa época, y que este gobierno no ha modificado, salió de las entrañas de este neo liberalismo, yo me pregunto, ¿Un gobierno presidido por Macri intentaría que el enunciado del artículo 14 Bis., Una de las banderas más importantes de nuestro partido, comience a ser una verdadera realidad en el campo de las reivindicaciones populares?, ¿un Gobierno presidido por Macri terminaría con la perversidad en la que ha caído el sistema de obras sociales, y establecería un sistema de protección de salud realmente igualitario?, ¿ Un gobierno presidido por Macri, establecería un sistema educativo, que además de integrador, fuera de excelencia en materia de formación de Técnicos y profesionales?, ¿Asumiría un gobierno presidido por Macri, la reafirmación de la participación popular en el destino del país, estimulando la participación a la hora de tomar decisiones?, ¿Un gobierno presidido por Macri, formado por gente como la que actualmente soporta un sin número de denuncias de corrupción en CABA, incluido el propio Jefe de Gobierno, realizaría una gestión realmente Honesta?.

La respuesta a todas estas preguntas es NO, ningún gobierno presidio por esta gente, cumpliría con ninguna de la política en las que los radicales creemos, solamente tendría un aspecto prolijo, la ausencia de pueblo seria notable a la hora de no hacer ruido, la educación seguiría como hasta ahora, todos los privilegios para la privada, todas las desventajas para la pública, la salud sería un bien solo para adinerados, los beneficios de la economía, serian solo para los beneficiarios de un modelo excluyente, y solos los que logren abrevar del derrame liberal lograrían saciar el hambre y la sed.

Como Radical no quiero Alianzas con esta gente, ni Macri, Ni Massa pueden solucionar los problemas del país, y llegados al gobierno, ninguno de los dos aplicaría, una sola de las políticas nacionales que los radicales encararíamos, a ellos no les interesa reparar nada que no sea lo que el mercado exige, y estarían dispuesto a cualquier forma de corrupción para cumplir con sus demandas.

Como Radical no estoy obligado a ir en contra del pensamiento Radical, ni acompañar a nadie que no lo profese.

Como Radical no estoy obligado a cumplir con esta idea de los Acuerdos ventajosos, para funcionarios.

Como Radical no estoy obligado a sostener un candidato, que no solo no me representa, que no representa el anhelo del pueblo argentino.

Como radical no estoy obligado a caer en la misma claudicación que nuestra dirigencia.

Como radical estoy obligado a recuperar al partido, a levantar sus banderas, a sostener sus principios, practicar la ética que el radicalismo me impone, pero nunca a traicionar al pueblo que siempre fue origen, causa y destino de nuestra forma de pensar y hacer la política.

Por eso como radical no estoy obligado a sostener, ni apoyar a los traidores y sus aliados, de dentro y de fuera, al contrario, como radical estoy obligado a combatir las defecciones de los que son capaces de traicionar los ideales y las reparaciones que aún se encuentran pendientes en nuestro País.

Por eso Creo que los Radicales debemos ponernos de Pie, y claramente renegar de toda esta dirigencia, falaz y descreída, que ha sido capaz de cambiar principios por ministerio y convicciones por contratos, ver hacia nuestra juventud, que no se ha dejado colonizar por estos falsos profetas del éxito fácil, a nuestros trabajadores Radicales que tampoco han sucumbido a las tentaciones del poder partidario, y a los simpatizantes que no han sido seducido por esta política sin principios de esta conducción partidaria.

viernes, 6 de marzo de 2015

Una reflexión Radical frente a hechos, pasados y futuros


En la Reunión de Lobos, en la que estuve el año pasado, un joven, Emiliano Reparaz, enviado por la Agrupación de Daniel Salvador, ante mi requisitoria sobre qué clase de garantías había, con relación a las cosas que habían ocurrido en el pasado, en el partido, delante de una cantidad muy importante de correligionarios, finalizó "...por supuesto que el correligionario tiene todas la garantías de estas cosas no volverán a ocurrir".

Sé que sonará iluso de mi parte, pero tenía la necesidad de creer que era así, y hoy me encuentro con que, este joven, irrespetuosamente, se burló de hombres que tienen más de 30 años militando en este partido, y está dentro del sector que está buscando consumar la traición al radicalismo, junto con sus jefes.

Sus  jefes, Salvador, Mugnolo, Campero, hijos y familias, etc., todos, viven del estado desde hace años, y hoy apoyan este proyecto diluyente que encarna el Senador Sanz, con el solo objeto de permanecer en sus cargos, por todo el tiempo que sea posible.

Hipólito Yrigoyen despreciaba esa clase de militancia, hasta el punto de la maledicencia, porque afirmaba que desnaturalizaba el verdadero sentido de la política, lo mismo pensaba Arturo Illia, porque no podía permitir que los condicionamientos, que venían con los cargos, afectaran los principios sobre los que se basaba el radicalismo.

Así fue que perdieron fortuna y estabilidad económica personal, pero el juicio de la Historia, les reservó la Grandeza, la grandeza que estos personajes no tienen, ni tendrán, porque en definitiva solo llegaron a la política, para servirse de ella, y no para servir al pueblo, como nuestro histórico mandato nos Ordena.

De Casa al Gobierno, y del Gobierno  casa, decía Yrigoyen, y así nos acostumbró a los radicales a tener dirigentes, que sacrificaban vida y bienes, en favor de una lucha histórica que solo termina cuando los desposeídos, consigan las reparación que el país les debe.

Tuve la suerte de conocer muchos hombres con estas convicciones, de formarme políticamente con gente que pensaba y actuaba consecuentemente con estos principios, algunos empobrecidos por haberlo dado todo a la política, otros, a los que no conocí pero admiré, dieron la vida por los principios que fueron la génesis de nuestro partido.

En una convención, algún radical flojo de principios, le grito a Moisés Lebhenson, "Judío de mierda", en la puerta, a los pocos minutos sobrevino el infarto que mató a uno de los intelectuales más brillantes que tuvo el Radicalismo, cuyos postulados, como los de Larralde, se mantienen hoy vigentes e incumplidos, el motivo de la intolerancia era la firmeza de Lebhenson en sostener la intransigencia del radicalismo.

Hoy es como si un montón de radicales sin principios, nos estuviesen gritando a todos con la misma intolerancia, porque creemos que deben defenderse los principios, que rigen la vida y la moral de las personas, marcando la diferencia entre la tarea reparadora, y el éxito inmediato.

Lo necesario es afrontar la obligación que el radicalismo tiene de despertar a la sociedad, de asumir una tarea educativa, casi evangelizadora, que recupere a los desposeídos de su letargo, que tenga el valor de afrontar nuevamente la causa reparadora que el país espera que realicemos, con hombres de bien al frente, sin estos residuos parasitarios que tenemos enquistados, superando el medio ambiente en el que esta política nos ha metido.

Se y acepto que el mundo ha cambiado, que la modernidad nos pone en nuevos predicamentos hacia el futuro, pero en el fondo, las injusticias no cambian, la desnutrición, el analfabetismo, la pobreza, la desocupación, son siempre las mismas, son realidades que no cambian, y que solamente se pueden superar, desde una tarea profunda y constante, que ningún advenedizo que quiere ser presidente de la noche a la mañana va a solucionar, ni tampoco los que nos lo traen de la mano.

Nuestros viejos dirigentes lucharon años para forjar una identidad política a nuestro partido, convirtiendo al radicalismo en una Religión cívica, al servicio de la Patria, un concepto que esta dirigencia, facilista y obsecuente, parece haber cambiado por los beneficios de andar en Bicicleta que nos explica este nuevo profeta por la televisión.

No aspiro a ser un dirigente importante, ni a ocupar cargos, que ya tuve, solo quiero ver a mi país viviendo en un clima de dignidad civil, no quiero un país de ricos, quiero que no haya pobres, no quiero el país de estos exitosos, quiero un país de gente que avanza en la medida del esfuerzo, No quiero el país de la viveza, quiero el del trabajo, el de la solidaridad, el que me enseñaron alguna vez, el que podía darnos Arturo Illia, al que vi pasar alguna vez a mi lado, conversando tranquilamente con alguien, tan tranquilo como alguien que inconsciente de su grandeza, porque no se creía, ni mejor, ni más que nadie, era solo un hombre al servicio de la patria.

No quiero como Radical a toda esta dirigencia, que solamente opera para conseguir vivir de la patria.

Tengo con conciencia que el radicalismo volver a ser Gobierno, y terminara la tarea interrumpida, pero solo será cuando recupere frente a la sociedad, la dignidad que solo una militancia nueva, fresca y con la frente alta, con ideales firmes, consiente de su pasado y de su destino pueda, y decida hacerse cargo de la tarea de transformar a la sociedad desde sus bases.